- JUL. 14, 2008 - Foto - Editorial - EL UNIVERSO
En el viejo Congreso no era así, de tal modo que en muchas ocasiones, leyes importantísimas se aprobaron sin que quedara constancia histórica de quiénes la aprobaron y quiénes se opusieron.
La memoria histórica de una Nación no es un agregado cultural secundario. De los aciertos y errores se aprende. Además, es bueno evaluar a nuestros dirigentes y qué mejor manera de hacerlo, en el mediano y largo plazo, que estudiando sus conductas en cada coyuntura.
El nuevo Congreso deberá continuar y profundizar este método, y el resto de las instituciones colectivas del Estado debería seguir el ejemplo.