Viendo algunas de las escenas de la segunda película del director londinense Joe Wright –la anterior fue Orgullo y prejuicio (2005), otra adaptación de una novela– es imposible no recordar a David Lean, gran director británico y maestro de imágenes rescatadas de obras literarias. En su reciente Expiación, Wright incursiona en las páginas de la novela del mismo nombre de Ian MacEwan y en la visión del realizador de 36 años se desbordan los colores y los exuberantes planos secuenciales de una artesanía cinematográfica muy vinculada a Doctor Zhivago o la clásica Lawrence de Arabia, obras cimeras de Lean.
Pero a diferencia de las aparatosas maestrías técnicas de un Spielberg, Expiación nos trae las ambivalencias de unas vidas que transcurren no solamente en la acción real. Mucho de lo que sucede en esta recreación tiene que ver con las fantasías de una escritora en ciernes que se convierte en la verdadera protagonista de la historia, donde su captación de la realidad es el verdadero tema de la película. Sin haber leído la novela, Wright nos transporta a un mundo de la imaginación que finalmente será el que redime a la protagonista de sus errores.
En la mansión donde vive la precoz Briony (Saoirse Ronan) escribiendo sus extravagantes narraciones para escenificarlas con sus primos, su hermana mayor Cecilia (Keira Knightley) se convierte en la obsesión y el fin de su inocencia, por la fogosa relación que ella le descubre con Robbie (James MacAvoy), hijo de la ama de llaves. Expiación es obsesivamente literal en las maravillosas secuencias iniciales: el tipeo en la máquina de escribir de una adolescente es parte de la banda musical y lo que Briony delimita en sus palabras es también visualizado.
Cuando Robbie es acusado injustamente por Briony de un delito sexual hacia una de las chicas invitadas a la mansión, el resultado es una tragedia que enmarcará las vidas de todos durante años. Cuando estos seres son sometidos a las horripilantes experiencias de la guerra, en Briony solo existe la memoria de un acto del cual ella jamás ha podido arrepentirse. Su expiación será crear en las páginas del libro los destinos felices que rescatarán a la pareja de un injusto olvido.
Sentimos también una reflexión ética primordial en el nuevo milenio. Hemos perdido la capacidad de discernir entre lo malo o lo bueno y el sentimiento de culpa es algo desconocido, puede esconderse de mil maneras y explotar en las caras de otros como la desoladora experiencia de los soldados en la evacuación de Dunkerque en la Segunda Guerra Mundial, uno de los momentos cruciales en la película, que Wright filma en la extraordinaria toma de casi cinco minutos sin ningún corte. Expiación es un acto de fe en la creación como fórmula redentora para balancear las desgracias de la historia del mundo y el esplendor de los corazones que las sobreviven o las perecen.