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Edición del DOMINGO 13 de Julio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Arte 
Subasta de Monet en Christie’s, el arte en tiempos de crisis
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Momento en que se subastaba el óleo de Monet en la casa Christie’s.
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Impresionista
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Texto: Susana Cárdenas-Overstall desde Londres

¿Quién dijo crisis? No en King Street, la calle donde se ubica la casa de subastas Christie’s.

Si la persona que toma el metro todas las mañanas se ahoga en la preocupación de cómo pagará la hipoteca de su casa por el credit crunch y los empleados del City tiemblan al pensar que el distrito financiero londinense cortará diez mil cabezas en los próximos meses, entre ellas la de Roman Abramovich (magnate ruso de los metales  y dueño del club de fútbol Chelsea),  jeques árabes comprarán como golosinas las obras de arte que las casas londinenses ofertan en sus salones.

Aquella noche para la subasta de los Impresionistas y Pinturas Modernas, las entradas no abundaron. Los coleccionistas de arte de todo el mundo se dieron cita para pujar por la codiciada obra de Monet, Le Bassin aux Nympheas, la favorita de la jornada. Como por una alfombra roja caminaban mujeres en vestidos de Chanel, cabellos abultados, carteras grandes, de esas que no necesitan tener impresa la marca para entender que son dueñas de mansiones en la Riviera francesa; circunspectos árabes en camisas blancas acompañados por sus agentes; tímidos japoneses en ternos oscuros; algún excéntrico en elegantes chaquetas y zapatillas y otros tantos rusos acompañados de sus mujeres de cabellera rubia y grandes anillos de oro y brillantes.

“La llegada de rusos, árabes y coleccionistas de países emergentes dan una fresca evidencia de que el incremento del precio de las obras de arte no es cíclico, sino que es apoyado por numerosos millonarios y billonarios. Hace cinco años, los compradores que pagaban más de $ 500 mil por obras de arte venían de 26 países. Hoy son de más de 58 naciones”, dice Deborah Brewster del Financial Times.

Y sí, seguramente en aquella sala de subastas de Christie’s se encontraban los amantes de arte más acaudalados del planeta. En el centro se hallaba la famosa pintura de Monet de la serie de los Nenúfares, la cual el artista pintó después de la Primera Guerra Mundial y la misma que alguna vez admiré en el Museo de Orangerie del jardín de Tuileries de París. Era el lote 16. Antes del óleo de Monet se subastarían obras de Matisse, Picasso, Degas, Pisarro, Henry Moore que no volveríamos a ver en espacios públicos porque decorarían las residencias privadas de los personajes presentes en la sala.

En medio de una agitada y refinada escena empezó la venta. Una pantalla muestra la fotografía de la obra y dos mozos con guantes blancos colocan la pieza original en el centro. Otra pantalla anuncia el precio base en libras esterlinas, euros y dólares estadounidenses, y el moderador proclama abierto el remate. El deal (trato) es en libras esterlinas, casi el equivalente a $ 2 por cada £ 1. (Las cifras de los valores fueron convertidos a dólares para los lectores globalizados de Diario EL UNIVERSO). Todo comienza con una base de $ 400 mil. El primer coleccionista acepta la suma y el moderador levanta la mirada y desafía a la audiencia a pagar $ 800 mil.

Si la pintura es de las más valoradas, las cifras aumentan de millón en millón. Los agentes en sus celulares elevan los precios en cuestión de segundos; los coleccionistas sentados en las sillas principales alzan elegantemente las manos y el moderador fija la mirada en los que siguen en la apuesta y anuncia la siguiente suma.

Llega a un punto en que los coleccionistas de trajes Chanel y corbatas Hermés solo cierran los ojos para confirmar que continúan en la subasta dispuestos a incrementar el precio con tal de dejar a sus contrincantes fuera del remate  y quedarse con su obra predilecta. El moderador golpea el martillo. El negocio de millones se cierra en dos o tres minutos.

Así se vendió Danseuse a la barre (Bailarinas en la barra) de Édgar Degas (1834-1917). Un cuadro pintado en tiza pastel, propiedad de la familia estadounidense Havemeyers. La obra permaneció con ellos durante tres generaciones hasta que fue vendida en 1982 a Christie’s Nueva York por un $ 1 millón. Esa noche se estimaba que Danseuse a la barre se comercializara entre $ 8 y $ 12 millones y alcanzó $ 26,5 millones.

Un coleccionista a mi lado mantiene sobre sus piernas un libro y la página marcada de la obra de Monet. Consulta en su teléfono móvil ¿Quieres que la compre? Casi como si preguntara a su esposa: ¿quieres vino blanco o tinto? Se inicia el remate. Dos agentes con celulares apuestan sin cesar. Una mujer sentada en la primera fila no baja la guardia. El precio supera las estimaciones de $ 47 millones y el hombre del libro no lanza la carnada. Nunca lo hizo. Quizás sus reflejos no fueron suficientemente rápidos para competir con la dama de la primera fila que iba por todo.

El óleo de Monet se vendió por $ 80,5 millones. Se supo que la mujer era canadiense y que lo adquirió para un cliente cuya identidad no fue revelada.

¿Quién dijo crisis? Nadie. Esa noche Christie’s vendió un total de $ 282 millones. “Tal vez el mercado del arte no sea enorme. Solo se necesitan pocos coleccionistas como Abramovich para transformarlo”, dijo Melanie Gerlis de The Art Newspaper.


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