No se trata de filantropía empresarial ni de colaboraciones altruistas. Tampoco de brindar asistencia técnica o fondos para ayudar a las comunidades.
Es un negocio, sí, con fines de lucro, que busca generar ganancias para la empresa y pequeños productores de bajos recursos. El programa se denomina Negocios inclusivos y es una iniciativa empresarial rentable que genera impacto en el desarrollo social.
La iniciativa nació en el 2006 mediante una alianza entre el Servicio Holandés de Cooperación al Desarrollo (SNV) y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (World Business Council for Sustainable Development), que cuenta con unas 200 empresas asociadas en el mundo.
El propósito de la alianza es contribuir a la superación de la pobreza a través de la incorporación de personas de menores recursos en la cadena de valor y ganar rentabilidad a partir de un beneficio mutuo.
La cooperación y capacitación con pequeños productores venía funcionando desde hace años, pero al final estos enfrentaban un problema común: no tener a quién vender su producto, pese a que lograron mejorar la calidad.
El negocio inclusivo los incorpora como proveedores directos de las empresas, a cambio de capacitación, crédito u otro mecanismo de inversión que les permita crecer económicamente.
En Ecuador la propuesta llegó en el mismo 2006 con una alianza entre el SNV y el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible del Ecuador (Cemdes).
Las empresas no tardaron en sumarse. Toni fue una de las primeras. Está próxima a cumplir un año en el proyecto y, según José Lucas, a cargo del programa, los resultados han sido beneficiosos.
La industria incorporó a su canal de proveedores a 125 productores de leche de Balzar, en Guayas; y de Chone y Calceta, en Manabí. “Les compramos directamente la leche y les ayudamos con capacitación y créditos para que cumplan un estándar de calidad que les ayude a mejorar. Antes le comprábamos a una sola persona mil o dos mil litros, ahora no dependemos de uno sino de unos 20 o 30 productores”, dice.
El programa ha alentado la producción de leche y la implementación de técnicas para mejorar el producto. Javier Olivares, uno de los productores de Balzar, afirma que ahora tiene estabilidad en las ventas y produce en promedio 200 litros diarios; antes generaba 80.
La leche se entrega a un centro de acopio que Toni tiene en Balzar y desde allí va directo a la industria para elaborar los productos que a lo mejor usted tiene hoy en su mesa.
Javier ha recibido asesoría de la empresa y está próximo a beneficiarse de un crédito de $ 1.500, a un año sin intereses. Lo empleará en sembrar pasto de corte para alimentar el ganado en verano. “Me lo van descontando mes a mes de la leche y así puedo mantener el promedio del producto, porque en la época de verano es crítica”, indica.
Hasta el año pasado, Javier se enfrentaba a una sobreproducción de leche en invierno, a una sobreoferta y a una caída del precio que lo dejaban con su producto en la hacienda o con ganancias mínimas. Ahora, dice, tiene asegurada la comercialización.
La alianza promueve los negocios inclusivos en ocho países de América Latina y busca como referente empresas grandes que puedan replicar el ejemplo.
La Cámara de Industrias de Guayaquil se sumó a los negocios inclusivos y firmó en febrero de este año una alianza de cooperación con el SNV y el Cemdes para establecer el Programa de Crecimiento Empresarial Integral.
Jaime Rumbea, a cargo del programa, dice que ubican a las empresas y se identifica la modalidad de negocio inclusivo que pueden desarrollar. En cinco meses han logrado incluir a siete compañías, que están empezando a ejecutar los planes inclusivos.
“Con la empresa se empieza a conversar: mi cadena productiva como empresa consiste en comprar una serie de materias primas, producirlas, agregarles valor y comercializarlas. Lo que se hace aquí es que se pone una especie de rayos X de esa cadena productiva y se dice dónde hay y dónde puede haber pequeños productores involucrados en esa radiografía”, indica.
Los involucrados pueden participar como proveedores, contratistas, empleados, accionistas o asesores externos, según el modelo que desarrolle la empresa.
La exportadora de cacao Cofina es una de las que se encuentra identificando su tipo de negocio inclusivo. Su gerente, Julio Zambrano, dice que llevan cuatro meses trabajando con gremios y asociaciones de agricultores en Manabí y que están por definir cuántas hectáreas se producirán con ellos. Su plan es dar asistencia para mejorar la cosecha y obtener un cacao de alta calidad para el exterior.
Rumbea aclara que el modelo de negocio no permite que haya una exclusividad, pero sí desarrollar medidas de fidelización. “No se quiere hacer dependencia sino que los productores tengan su cuota, ellos puedan proveer a la empresa y seguir su comercialización”.
La premisa es ganar-ganar y dar un nuevo rol a la empresa: la sociedad, al mismo tiempo que genera riqueza económica.