La idea viene de cuatro argentinos, pues la unión hace la fuerza. No debemos hablar en realidad de discoteca, sino de un lugar donde se puede comer y bailar. A Epicuro le interesa solamente el aspecto gastronómico.
La carta, vistosa, bien diseñada, insiste en la carne: bife, lomo, T-bone steak, milanesa (carne pasada por huevo batido y luego apanada. La milanesa napolitana añade pasta de tomate, mozzarella y a veces jamón). Cuando no se consigue carne argentina o uruguaya, la opción viene de los Estados Unidos. Probé un excelente bife de chorizo. Se trata de una costeleta sin hueso ubicada en el lado externo del lomo. Antes de ser cortado en bife tiene una forma cilíndrica, de ahí su nombre de chorizo. En cambio no vi en la carta el apetecido chorizo, aunque me gusten mucho los embutidos.
Si quieren esta opción con morcilla y salchichas tendrán que ir a Brasa Brazil. El bife que me llegó era un angus certificado (angus es el nombre de un ganado bovino de carne tierna). Lo pedí cocido un cuarto, es decir rojo, jugoso, acompañado de un Gran Terraza 1999 (quizás el mejor año), tinto generoso, oscuro casi negro, con toques de grosella negra, mora, chocolate. Aroma en boca impresionante, final interminable. Lo traje de mi bodega, pues resulta imposible, hasta en Mendoza, conseguir el 99. Debo recalcar que la carta de vinos es muy amplia y los precios, como es usual, duplican el valor que uno paga en el supermercado.
Detalle importante, el joven que nos atendió no sabía lo que era un decantador y volvió para decirnos que no había. Un restaurante de la clase que tiene Recoleta debería por lo menos tener uno. El Gran Terraza de nueve años necesitaba ser decantado. La ensalada que acompañó el bife me pareció bastante pobre: merece un mejor trato.
En Recoleta beban Malbec, se sentirán más cerca de Argentina. La molleja (el timo, este apéndice que se va atrofiando, colgando del cuello de las reses jóvenes) en realidad resulta ser buena opción para los aficionados. La que probé de entrada me pareció demasiado seca, pero me sirvieron después una muy tierna cocida al gusto. Recomiendo desde luego el lomo de cordero cocido a la sartén y flambeado con coñac, pero mi gusto personal se queda con las costillas uruguayas en salsa de higos y frutas rojas, que son más bien cocina de autor.
El chef Diego Catarino tiene buena hoja de ruta. Podrán elegir su lomo de cerdo al balsámico (muy de moda) con mostaza de dijon. Viene con revuelto gramajo. Recordemos que Artemio Gramajo, coronel santiagueño, edecán de un presidente, fue el creador de este plato (papas cortadas como fósforos y fritas, huevo batido, jamón, arvejas y queso. La palabra alverja es también correcta, más usada localmente).
El menú contempla aves, pollos, codornices, pato y conejo (más apreciado este último por los franceses y los serranos, no muy convincente para los costeños. Lo mismo sucede con el cuy). Hay una selección de pastas italianas, pescados. Me gustó como postre una espuma de tres chocolates acompañada de un expresso.
Recoleta es sitio de simpático ambiente, decoración original, hermosas caídas de agua, enorme pecera (sin peces, pues los pescaditos se desesperan cuando el nivel de la música es muy alto por las noches). Mi planilla para dos personas fue de $ 60,63.
Recoleta: Víctor E. Estrada 1104 y Jiguas, Urdesa Central. Telf.: 288-9035.