Domingo 13 de julio del 2008 Religiosa y Obituarios

El rendimiento distinto

Hoy nos brinda el Evangelio de la misa la parábola genial del sembrador. Y nos hace ver que la semilla no produce siempre fruto. Pero también que cuando lo produce, no siempre llega a ser el deseado.

Este variable rendimiento es lo que me preocupa. Y por eso, cuando llevo a mi oración este pasaje de Mateo, me pregunto de inmediato: ¿Por qué si el sembrador es bueno, si la semilla es buena, y si la tierra es buena, la cosecha no es igual? ¿Por qué el  buen grano bien sembrado en tierra buena produce ciento a veces, a veces solo sesenta y a veces treinta únicamente?

El que la semilla no germine o el que muera al poco tiempo de nacer, nos lo explica claramente el Evangelio: se debe en ciertas ocasiones al Maligno; en otras a la poca fortaleza de la planta para soportar lo adverso; y en otras, a la seducción de las riquezas, que impide el rendimiento sobrenatural. Pero la causa del diverso fruto que se da en la tierra buena, no la explica para nada el Evangelio.

Es verdad que Dios reparte sus talentos como quiere. Y que por eso mismo, aunque todos los del cielo tengan la felicidad total, entre los bienaventurados habrá sus diferencias. Mas hoy el Evangelio, al menos en directo, no menciona los diversos dones que el Señor reparte. Solo dice, insisto, que la tierra es buena.

Este no casual silencio nos permite a usted y a mí buscar, con la memoria y la imaginación, una posible explicación de los distintos rendimientos. Y para conseguirla, le invito a que recuerde lo que pasa en los bonsái.

¿Por qué unos árboles de vocación grandiosa, llamados a dar sombra y fruto a muchos, se quedan vulnerables y empequeñecidos, capaces solamente de adornar?

No se debe a que les den veneno. Se debe a que les ponen poca tierra buena, a que les riegan casi con gotero y a que les cortan convenientemente las raíces. Por eso no despliegan sus virtualidades y se quedan diminutos.

Algo así sucede con mi alma. Que cuando no responde a lo que Dios le inspira, se va quedando enana, se llena de herrumbre y produce menos frutos sobrenaturales.

No es que falle el sembrador o la semilla. Para que dé el cien por uno, lo que me hace falta es generosidad.
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