Cuando, en el mes de febrero, Ranjit Dhuru, propietario de la bodega Chateau d’Ori, paseaba entre sus viñas, la vendimia estaba en pleno apogeo.
“Ya están dulces”, decía, mientras probaba los apretados y lustrosos racimos de uvas cabernet sauvignon. “Éstas estarán listas para la recogida muy pronto, dentro de una semana”.
Hace 8 años, Dhuru, que hizo fortuna con el negocio del software, compró unos terrenos carca de Nasik, ciudad a unos 160 kilómetros al noreste de Mumbai y que se ha convertido en el centro del sector vinícola de India, en rápida expansión.
Este año, con la asesoría de un enólogo de Burdeos, Dhuru espera producir unas 300.000 botellas de vino blanco y tinto. Calcula que, el año que viene, 1 millón de botellas llevarán la etiqueta de Chateau d’Ori.
Es fácil comprender el optimismo de algunos emprendedores como Dhuru. En la región de Maharashtra hay más de 40 bodegas en diversas fases de desarrollo. Fuentes del Gobierno afirman que la inversión vinícola ha aumentado 74% el último año.
“En los próximos 10 años, habrá 300 millones de indios que podrán permitirse consumir vino y para quienes eso significará optar por un determinado estilo de vida”, dice Dhuru. “Muchos beberán vinos indios”.
Aman Sharma, responsable de alimentos y bebidas de la cadena hotelera india Taj, está de acuerdo: “Ya hay una gran cantidad de personas deseosas de consumir vino”. Se ha calculado que el consumo per cápita de vino en India en 2006 fue de aproximadamente una cucharada, pero eso constituye una cantidad 4 veces mayor que la correspondiente al año 2000.
La mayor parte del vino que se fabrica en India se consume allí. De forma gradual, a medida que se han multiplicado las publicaciones sobre vinos, las asociaciones enológicas, los concursos y las degustaciones, los vinos indios de marcada delicadeza son más frecuentes y apreciados.
Las bodegas indias enfrentan retos que no se dan en las regiones vinícolas de otro lugar. Para empezar, el calendario está al revés. A pesar de que la región está al norte del ecuador, las viñas se podan en septiembre y las uvas se recogen en febrero y marzo para evitar el calor y el monzón de verano. La parte positiva es que los vinateros pueden planear la vendimia conforme a la madurez de sus uvas, sin tener que preocuparse por olas de frío o lluvias impropias de la estación.
Las uvas suelen ser recogidas por trabajadores itinerantes que trabajan con luz artificial de 3:00 am a 9:00 am, antes de que haga demasiado calor.
Dhuru sirve varios vinos a los visitantes en su casa de invitados de 4 dormitorios, con vistas a los viñedos.
Su chenin blanco de 2007 es suave y sabe a nueces, no es dulce y tiene buena acidez pero contiene demasiado alcohol, 14,7 grados, según Dhuru. “Estamos en un país cálido, y el año que viene tendremos que controlar el nivel de alcohol”, explica. Su sauvignon blanco, con un ligero estilo de fumé blanco de California con sabor a roble, es otro gran vino.
Los sauvignon y chenin blancos, de sabor fresco y en ocasiones de final ligeramente dulce, son los vinos blancos característicos de India. Son buenos para acompañar el pescado y los platos con base de verduras.
Los vinos tintos de Chateau d’Ori, como la mezcla de cabernet sauvignon y merlot de 2007, son muy afrutados y con matices de pimentón, y resultan un acompañamiento apropiado para carnes y panes tostados en el horno de arcilla tandoor. El merlot de 2007 es suave y elegante, pero es un vino más simple.
Muchas de las bodegas indias producen shiraz y mezclas de shiraz y cabernet. Éstos presentan a menudo aromas terrosos, vegetales y marcados sabores a fruta. Y, si hay una industria vinícola que avanza a paso acelerado, ¿la seguirá el aceite de oliva? “De hecho, el fabricante de mis tanques de acero inoxidable de Nasik está estudiando esa posibilidad”, afirma Dhuru.
“Tiene algunos terrenos y planea importar olivos de semilleros italianos”.