En su libro La seducción de las palabras, Álex Grijelmo plantea claramente la diferencia que existe entre el uso de las palabras para persuadir o para seducir.
En el primer caso se usan para presentar argumentos inteligentes apelando a la razón de la persona a la que se destinan; en el segundo, no se dirigen a la zona racional de quien recibe el mensaje sino a sus emociones. En este segundo caso, “las palabras se depositan en el inconsciente sin razonamientos”.
He recordado este interesante libro de Grijelmo, cuando me ha sorprendido que para referirse al referéndum en que se consultará a los ecuatorianos si aprueban o no el Proyecto de nueva Constitución, se habla de “referéndum aprobatorio”.
Aprobatorio, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que supongo que no ha sido reformado por ningún mandato, significa “que aprueba o implica aprobación” y aprobación deriva de aprobar, que quiere decir “calificar o dar por bueno o suficiente algo o a alguien”. Así pues, la expresión “referéndum aprobatorio”, sin más explicaciones o sin ofrecer alternativas, siguiendo a Grijelmo, se depositará en el inconsciente, sin razonamientos y el día de la consulta, muchos estarán convencidos, de que se trata de aprobar, sin más.
Lo que garantizará la legitimidad y permanencia de la Constitución será, precisamente, el hecho de que la ciudadanía haya conocido, discutido, criticado y decidido su voto conscientemente, es decir, después de razonar acerca de su contenido.
Todos los esfuerzos por convencer a los ciudadanos de que voten de una u otra manera, sin que conozcan el texto constitucional, son, en el fondo, muestras de irrespeto a la democracia y a la capacidad de los ecuatorianos de tomar la decisión que consideren adecuada. Y frente a esas actitudes todas las declaraciones de confianza en el pueblo y de respeto a sus decisiones suenan falsas. Solo quienes apelan a la razón crítica de los ciudadanos cuando buscan su aprobación, tienen derecho a llamarse demócratas.
Peor es usar palabras inadecuadas, para inducir conceptos o conductas. Debe quedar claro que el referéndum es una consulta y que su resultado puede aprobar o no el proyecto de Constitución que se la presenta. De manera que si en ciertos ámbitos políticos se lo llama aprobatorio, por lo menos la prensa y los ciudadanos y ciudadanas que respetamos la capacidad de decisión de los ecuatorianos y, por supuesto, el Tribunal Supremo Electoral en la convocatoria, debemos abstenernos de añadir calificativos. Es simplemente “referéndum” y a él debemos acudir con la mayor libertad posible.