En el barrio de origen colonial vivieron familias representativas de la ciudad.
Desde inicios del siglo XX hasta mediados de los años sesenta, el velerismo, el remo y la natación ocuparon un lugar especial en Las Peñas. Dichas actividades, complementadas con la pesca, hicieron de este sector un lugar propicio para vacacionar en pleno centro de la ciudad.
Ese es el mejor recuerdo que tiene Armando Triviño, de 55 años, quien conoce la historia de Las Peñas como a sí mismo. Sentado a la entrada de su galería de arte, al pie de la empedrada calle Numa Pompilio Llona, evoca los relatos de su abuelo y de su padre, que sumados a sus vivencias de niño y adolescente, acrecientan el compendio de recuerdos que cataloga como la máxima herencia de su familia, que vive en ese barrio desde hace 96 años.
Triviño recuerda las improvisadas competencias que semanalmente protagonizaba junto a sus amigos en pequeñas embarcaciones de madera. La meta: ir a la isla Santay y volver. “También pescábamos jaibas y nadábamos, aunque mucho antes se hacían competencias de natación a Durán”, remarca.
De los años treinta tiene referencia de figuras de la natación como Luis Alcívar, Ricardo Planas, Carlos Luis Gilbert y Abel Gilbert, conocidos como los Cuatro Mosqueteros, y quienes resultaron campeones sudamericanos en Lima. Otro nadador destacado fue Alejandro Sángster. Todos ellos practicaban en la piscina municipal (que estaba a pocas cuadras del barrio) y en el río Guayas.
El nacimiento de Las Peñas, ubicado a un costado del cerro Santa Ana, data de mediados del siglo XVI. Desde esa época este barrio fue testigo de cómo la ciudad con el tiempo prosperó a través del comercio y sucumbió por embates de piratas, enfermedades e incendios.
Su nombre surgió porque ese sector del cerro se caracterizaba por tener peñascos. Las casas fueron construidas sobre grandes rocas.
El historiador José Gómez Iturralde, director del Archivo Histórico del Guayas, comenta que en siglos pasados las familias pudientes iban a pasar allá los fuertes inviernos, pues el barrio, por su ubicación, siempre tuvo un clima más fresco que el resto de la ciudad.
La parte baja del barrio, al pie del río Guayas, se la consideraba un balneario. La gente se bañaba debajo de las casas, donde se colocaron barrotes para que los lagartos no se metieran.
Entre las familias más representativas que vivieron en Las Peñas constan los Thoret, Arroyo del Río, Baquerizo, Noboa, Gómez, entre otros. Todavía viven los Pareja, Arosemena, Hidalgo, Tinajero y Hoheb.
Gómez relata que Las Peñas volvió a nacer en 1898, pues dos años antes un incendio quemó el barrio. “Todas las casas que ahora hay y que han sido regeneradas fueron levantadas después del Gran Incendio, en Las Peñas no hay nada colonial, únicamente el recuerdo de que ahí empezó Guayaquil”, acota.
Palos ensebados, carreras de ensacados, del cucharón con huevo y de bicicleta hasta la antigua Cervecería eran algunas actividades las fiestas de la ciudad. Triviño asegura que pese a que eran catalogados de “aniñados” por los del cerro Santa Ana, estos también participaban de los juegos.
Los encuentros de indorfútbol tampoco faltaron. Pese a su diferencia social “las galladas” de Las Peñas y del cerro Santa Ana entablaron una estrecha amistad que aún se mantiene entre los que se quedaron viviendo en ambos barrios.
“Cuando éramos pequeños jugábamos en la plataforma donde se encuentran los cañones, los cuales nos servían de arcos. Cuando crecimos peloteábamos en la plaza Colón... Se convirtió en un clásico el juego entre aniñados y cholos, a veces terminaba en puñete, de ahí no pasaba, pues seguíamos siendo amigos, era una época de caballeros”, agrega Triviño.
Entre 1950 y 1970 los moradores emigraron a las zonas residenciales que surgieron en Guayaquil. Tras el éxodo, Las Peñas entró a la etapa cultural. Exhibiciones de pintura y escultura son realizadas por la asociación de artistas que lleva el nombre del barrio.
Los moradores coinciden en que para completar esta actividad e incrementar el turismo en la zona se debería otorgar permisos para restaurantes.
Lo señorial, residencial y cultural se funden en el barrio más tradicional de Guayaquil. Con su regeneración, hoy Las Peñas se abre paso al nuevo siglo con el alquiler y la venta de departamentos que buscan que su magia perdure en el tiempo.
TEXTUALES: Habitante
Grace Hoheb
TODA SU VIDA EN LAS PEÑAS
“Este siempre fue un barrio único del que puedo decir que era perfecto, pero pese a sus cambios por la regeneración urbana, su magia no ha desaparecido”.
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