Tras haber sido repartidor de diarios en la calle para ayudar a su familia a llegar a fin de mes, Jefferson Pérez creció y pasó a ser en un campeón olímpico y mundial de marcha atlética, además de convertirse en un héroe para Ecuador.
El reservado Pérez, quien creció en un barrio humilde de la ciudad montañosa de Cuenca, es considerado el atleta más importante de Ecuador, un país en el que el deporte de mayor popularidad es el fútbol.
Su imagen fue representada en una estampilla y en una moneda conmemorativa en honor a la medalla de oro que ganó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
Además, el atleta suele ser invitado a comer con el presidente.
Pérez, quien con 33 años es el único ecuatoriano que ganó una medalla olímpica, está preparándose para los Juegos de Beijing, que podrían ser su última competencia a este nivel.
Tras finalizar cuarto en Atenas 2004, Pérez volvió a mostrar que está al tope de sus condiciones, ya que el año pasado en Japón ganó su tercer título mundial en los 20 kilómetros de marcha.
"Creo sobre todo que este es un deporte de sufrimiento, es un deporte en el que el que gana es el que está dispuesto a sufrir más, un deporte en el que los principios de constancia, perseverancia y dedicación son cotidianos, son normales", expresó el atleta ecuatoriano.
"Me encanta el deporte, me fascina estar nervioso, me fascina poder enfrentar a un rival, poder ser más fuerte que mis debilidades", agregó.
Hernán Astudillo, el editor de deportes del periódico El Mercurio, de la ciudad de Cuenca, llama al marchista "una estrella nacional que se propone obtener la que será su última gloria".
Escacez de fondos
Pérez es uno de los 25 atletas ecuatorianos que competirán en agosto en los Juegos de Beijing. Muchos de ellos, afectados por la escasez de fondos por parte de las federaciones nacionales, sufrirán para mantenerse a flote.
"Creo que uno debe respetar las energías del universo y hacer lo que está a nuestro alcance, y yo hago lo que está a mi alcance", manifestó el deportista.
Pérez, cuya madre mantenía a su familia vendiendo vegetales en las calles, comenzó a entrenar y a practicar en el atletismo con el objetivo de pasar un examen de educación física en octavo grado.
"Yo era un estudiante al que le gustaban más otras cosas antes que hacer educación física", confesó el ecuatoriano.
"Cuando empecé a hacer deporte no pensé en ser campeón del mundo, mi prioridad era dar bien la prueba de educación física para poder pasar el año", añadió.
Sin una medalla en los Juegos de Sidney 2000 y con una creciente presión en su país, Pérez abandonó el deporte por un año y dijo que se retiraría.
La decisión duró poco. Desde ese momento, el marchista volvió ganar las carreras más importantes del mundo y es uno de los favoritos a obtener el oro en Beijing.
"Yo voy a seguir haciendo esto mientras lo sienta y siga amando al deporte. No tengo fecha de retiro, al menos no por ahora", aseguró Pérez.