En la capital de Argentina estaba la cinta, un tesoro fílmico mundial.
Un tesoro fílmico fue descubierto en un museo de Buenos Aires que recuperó 20 minutos de la versión original de Fritz Lang de Metrópolis, un filme que las Naciones Unidas cataloga como parte del Registro de Memoria del Mundo.
El material permaneció 80 años en manos de un coleccionista privado y luego en un archivo oficial, pero hasta ahora se percataron de su valor.
Esta es la única copia en el mundo de las escenas faltantes de la máxima obra del cine expresionista alemán, dijo Paula Félix-Didier, directora del Museo del Cine de Buenos Aires, el fin de semana.
Hasta ahora, estas escenas –que habían sido excluidas del original alemán de 1927 luego de que Paramount de Estados Unidos editó el filme mudo– se creían perdidas. Esta es la versión que Fritz Lang realizó, dijo Martin Koerber, curador del Museo Alemán del Cine.
Mike Mashon, director de la sección Imagen en Movimiento de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, aseguró que la mera existencia de esta copia es un milagro. “Esta es una película que han visto millones de personas desde su estreno y, sin embargo, nunca habíamos visto el filme verdadero”, agregó.
Basada en la novela de Thea Von Harbou, la película, considerada como el primer largometraje de ciencia ficción, es una feroz crítica de la sociedad de clases. Se desarrolla en una gigantesca ciudad del siglo XXI, que funciona gracias a máquinas manejadas por un ejército de esclavos que viven en laberintos subterráneos.
En la superficie, la clase dominante disfruta de la vida y se mantiene ajena a la injusticia social, hasta que Freder, hijo del dueño de Metrópolis, queda deslumbrado por una humilde joven llamada María y se lanza en su persecución, descubriendo la pobreza y los sufrimientos del mundo subterráneo. Félix-Didier dijo que la cinta estrenada en Argentina en 1928 era una copia de la original alemana.
Tras varios años de exhibición, pasó a manos del coleccionista privado Manuel Peña Rodríguez, que la conservó hasta la década del sesenta, cuando la vendió al Fondo Nacional de las Artes. La copia original de 35 mm fue convertida a 16 mm, lo que le hizo perder calidad.