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La Macarena fue otro de los centros de distracción familiar que aún se evoca

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Un aviso sobre el parque La Macarena que publicó EL UNIVERSO en junio de 1966.
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Julio 07, 2008

Germán Arteta

Junto con los  emblemáticos American Park y  Bim Bam Bum cubrió una época que está inscrita en la memoria de incontables guayaquileños y vecinos de la ciudad. Mucho público acudía semanalmente a sus instalaciones.

Aquellos guayaquileños que nacieron pasada la segunda mitad del siglo XX y mantienen inalterables los recuerdos de su niñez y juventud que transcurrieron hasta por las décadas del sesenta y setenta, durante sus conversaciones con familiares, amigos y vecinos de barrio repiten en medio de añoranza sus momentos de juegos infantiles por las calles de la barriada y, entre otras tantas maneras de diversión en compañía de padres, hermanos y parientes, también evocan las visitas al popular parque de distracciones La Macarena, en Pedro Moncayo entre Nueve de Octubre y Primero de Mayo.

En efecto, aquel centro que funcionó por muchos años en la dirección indicada, fue el sitio de concentración de familias que iban en busca de los juegos mecánicos y otras distracciones que allí se ofrecían  durante varios días de la semana, pero especialmente los sábados y domingos y los de las conmemoraciones porteñas de julio y octubre, cuando la ciudad se engalana y adquiere un ambiente contagiante de gozo. Las instalaciones de La Macarena con sus banderolas y luces multicolores en la tarde  y noche avivaban las ansias de diversión de chiquillos e incluso de los mayores del hogar.

El carrusel, la rueda moscovita, los carros chocones, el tiro al blanco, el juego de bolos, los botes giratorios sobre un canal redondo lleno de agua, las máquinas tragamonedas, las marionetas, el algodón de azúcar, las manzanas con caramelo, los globos  y la  música de fondo formaban parte del atrayente local en el que resaltaba  el griterío de los chiquillos que pasaban de un aparato a otro para sentir la experiencia de la velocidad y las vueltas repetidas. Los enamorados igualmente se citaban en La Macarena  y hasta los  estudiantes que escapaban de clases llegaron allí para disfrutar de las novedades y los espectáculos promocionados.

Entonces Guayaquil recién comenzaba el febril desarrollo de los últimos lustros  y los establecimientos dedicados a este tipo de actividad eran escasos. Frente al Parque del Centenario existía, asimismo, un pequeño carrusel que no tenía la amplitud de La Macarena, pero que ayudaba a dar entretenimiento a quienes no iban al cine o carecían de mayores recursos monetarios para otros espectáculos.

La gente que llegaba habitualmente a La Macarena lo prefería  por su ubicación en pleno centro de la metrópoli y por no ofrecer problemas con la transportación. Daba gusto observar los fines de semana, cómo los padres y jefes de familia se las ingeniaban para lograr que sus pequeños sean los primeros en embarcarse en los juegos y así disfrutar junto a ellos de cada vuelta en la rueda moscovita, el carrusel de caballitos y en los demás entretenimientos que nadie quería perdérselos.

Al paso de los años, con el crecimiento de la ciudad por el norte y el sur, la clientela de La Macarena disminuyó. Los juegos, que tiempo atrás fueron muchos, también mermaron y el espacio junto a la Casa de la Cultura del Guayas se estrechó, hasta que finalmente el establecimiento cerró para el pesar de quienes durante un largo lapso prefirieron el lugar y vieron crecer a sus vástagos y pupilos.

Actualmente, en donde estuvo La Macarena existe un amplio garaje y ahí la Casa de la Cultura del Guayas,  tiene previsto hace bastante tiempo ampliar el local para intensificar sus actividades. A pocos pasos estuvo el viejo bar fuente de soda Montreal, que también cerró sus puertas y dejó otro cúmulo de añoranzas para sus habituales clientes.

La Macarena dejó de atender definitivamente tal como lo hicieron la American Park, de Rodolfo Baquerizo Moreno; y, el Bim Bam Bum, de Eduardo Carrión Toral, visionarios empresarios que no solo pensaron en el provecho económico de sus proyectos puestos en ejecución con mucho tesón y sacrificio, sino en el bienestar colectivo y la sana diversión de sus compatriotas que los recuerdan siempre porque ayudaron a consolidar el calificativo de tierra trabajadora, hermosa y acogedora que caracteriza a Guayaquil.  


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