Gabriela Condo tiene dos hijos y llegó al complejo de Pomasqui, donde entrenó Liga el sábado pasado. Entró apresurada con sus dos hijos, Denis y Paúl. Detrás de una malla, los pequeños le decían a su madre que quería tomarse una foto con José Francisco Cevallos. “Él es el campeón”, decía Denis, que tiene cuatro años.
Para el niño, la Copa Libertadores la ganó Cevallos, por eso el resto de futbolistas pasan inadvertidos. Solo cuando termina el entrenamiento, el golero albo se acerca a los dos niños y de pronto le cae una avalancha de hinchas. Todos quieren tener un recuerdo del arquero que le dio la primera Copa Libertadores a Ecuador.
Luego de los autógrafos, Cevallos le concede una entrevista a este Diario.
Cuando salió de Barcelona (2006), ¿pensó que acababa su carrera?
Sí. Pensé dejar el fútbol cuando salí de Barcelona. Pero tuve la suerte de que mi familia y mis amigos me motivaron y encontré a Carlos Sevilla, que me volvió a plantear los retos del fútbol. Él me llevó al Deportivo Azogues, le pidió a los dirigentes que me integraran a ese equipo y me apoyó. Creo que fue fundamental para mi vida ir a ese club, porque sentí el cariño, el aprecio de toda una ciudad. También me ayudó mucho el preparador de arqueros Carlos Enríquez, que me ayudó a recuperarme física, técnica y psicológicamente. Yo tengo que agradecer a la gente que vive en Azogues que me acogió con tanto cariño.
¿Cómo llegó la propuesta de Liga de Quito?
Me preguntaron si quería venir. No lo pensé mucho. Les agradecí recientemente al técnico Edgardo Bauza y los dirigentes Esteban y Rodrigo Paz. No es normal que el equipo campeón contrate a un arquero de 37 años.
Pero Rodrigo Paz dijo que no estaba muy convencido de su llegada a Liga...
Es normal, porque hay mucha rivalidad deportiva entre Barcelona y Liga. Pero quería responderle con buen comportamiento, siendo un ejemplo dentro y fuera de la cancha. Incluso, los hinchas de Liga también tenían dudas. Pero era mi compromiso con ellos hacer todo lo posible para conseguir cosas grandes y queriendo a esta institución.
¿Estaba 100% seguro de que podía jugar la final ante Fluminense a pesar de su lesión?
A veces uno por mejor hacer, hace mal. No podía perderme ese partido, era mi última oportunidad de conseguir cosas importantes. Tal vez que todo me salía mal y habría sido el responsable, pero esos son los riesgos que hay que correr. Por suerte, conté con el apoyo del profesor Edgardo Bauza, que no dudó, y mis compañeros igual. El día anterior (a la final) yo probaba y ellos me motivaban, me decían: “vamos Pancho, que sí puedes”. Eso es imborrable. Tenemos las suerte de contar con un buen plantel, cualquiera puede jugar. Pero contando con el apoyo del técnico y mis compañeros, mi ambición era no perderme la final copera.
¿Exactamente qué tipo de lesión tenía?
Una contractura en el abductor de la pierna izquierda. Eso me impedía hacer algunos movimientos. Me ayudaron el doctor Juan Barriga y el fisiatra Fernando Iza. Ellos estuvieron todo el tiempo conmigo, casi dormían conmigo porque me hacían unas terapias para recuperarme. Al final, antes del partido, tenía una pequeña molestia y me infiltré, y así jugué ante el Fluminense en Maracaná.
¿Quién es mejor, el que mete tres goles o el que ataja tres penales?
Es muy relativo, pero en el puesto mío siempre haré lo mejor para detener las jugadas o los tiros libres. A veces se puede, otras no.
¿Fue una revancha tapar el penal de Thiago Neves en la definición?
No llegué a pensar que me había hecho tres goles (en el tiempo reglamentario). En ese momento solo pensaba en ganar la serie, y como era el segundo penal, era muy prematuro. Después llegaron los comentarios y ahí caí en cuenta de eso.
¿Los dirigentes de la Conmebol no estaban muy contentos al colocarles las medallas?
No. No sentí eso. Vi que nos felicitaron mientras nos ponían las medallas. No creo que sean partidarios de desear que gane uno u otro equipo. Imagino que en el fondo deben haberse alegrado que otro país tenga un nuevo campeón. A Ecuador le faltaba este título de la Libertadores y se va incrementando la galería de campeones. Eso beneficia a la Confederación Sudamericana de Fútbol, porque demuestra que hay transparencia en esa organización.
¿Sintió que llegar a la definición del título por los penales tenían más opciones de ganar?
Capaz... no sé si yo aspiraba a eso. Pero no queríamos, como grupo, que pasara. Queríamos ganar la Copa en los 90 minutos, después se alargó a 30 minutos, y llegaron los penaltis. Pero si uno sueña una final, era como la del miércoles: con alargues, con penaltis, con mucho sufrimiento, con mucha tensión. Gracias a Dios ganamos.
Qué pensaron cuando tomaron la Copa y en la ceremonia de premiación las serpentinas que salieron al aire tenían los colores de Fluminense?
Son cosas de la organización y no hay nada que reprocharles. Son cosas que suceden, incluso ahí debió haber gente brasileña que querían que su equipo gane. Eso está dentro de lo normal. Quiero felicitar a los brasileños, tanto a los futbolistas de Fluminense que se acercaron a saludarnos y aceptaron su derrota, y a la hinchada de allá que no cometió desmanes. Aceptaron la derrota y no se desquitaron con nuestra hinchada. Quiero felicitarlos, porque en momentos tristes se vio su calidad de gente.
Usted fue un factor de unión en el país. Mucha gente de la Costa apoyó a Liga de Quito, pero por usted, ¿qué le parece?
No sé si sea por mí. Pero lo único que sé es que estábamos representándolos a ellos también. A cada una de las provincias, las ciudades, los recintos, a la gente ecuatoriana que está afuera del país trabajando y sufriendo. Queríamos que se sintieran orgullosos y felices. Lo bonito de todo esto es que la gente se va a motivar para seguir luchando, porque si algo de bueno tenemos los ecuatorianos es que somos trabajadores y buenas personas.
¿Luego de este título de Copa Libertadores no siente sentimientos encontrados respecto a Barcelona, por la forma cómo salió del equipo?
No lo voy a negar, a mí me dolió. Me hicieron salir por la puerta de atrás. Son cosas del fútbol. Pero yo no puedo reprochar nada a esa institución, ni a los hinchas, porque uno u otro directivo creyó de una manera diferente no voy a generalizar. Más bien, estoy agradecido y soy respetuoso de una institución que me acogió por muchos años y que cobijó tantas temporadas. Barcelona me dio la posibilidad de formarme como jugador, como profesional. Y en cada equipo que he estado siempre he aprendido algo. En el Once Caldas (Manizales, Colombia) no me fue tan bien, pero la gente me trató excelentemente. En Azogues ni qué hablar, la gente me apoyó. Y ahora que estoy en Quito, con Liga, estoy muy feliz, muy contento. Mi familia, mis hijos no se quieren ir de aquí, y yo quiero quedarme, ojalá, por mucho tiempo. Porque en las cosas del fútbol uno no puede saber lo que pasará. Pero aquí estoy cómodo, feliz y respetado. Estoy siendo valorado y eso me compromete a entrenarme al máximo y responder a toda esa confianza que me tiene la gente de Liga.
¿Volvería a Barcelona si se lo proponen?
En el fútbol nada está dicho, pero yo estoy muy feliz en Liga. Estoy viviendo momentos muy bonitos, con gente honesta y trabajadora, como son los directivos, los miembros del cuerpo técnico, los asistentes, los utileros, las señoras de la concentración, los señores de la cancha, mis compañeros, los guardias. Todos me abrieron las puertas, me han dado apoyo, respaldo y cariño. Yo tengo un compromiso con ellos y quiero jugar mucho tiempo acá.