Los medios lo han conmemorado masivamente después de cuarenta años, pero uno sigue hablando de 1968 porque lo más relevante de esos tiempos no solo se concentró en las calles de París. Dos películas recientes lo demuestran de manera grandilocuente con percepciones contrastantes, la una con una sensibilidad francesa que sale de un cine de autor muy europeo y la otra de las extravagancias de un Hollywood que celebra al cuarteto musical más famoso de todos los tiempos.
Philippe Garrel dirigió Los amantes asiduos (2004) como si fuera uno de esos revolucionarios poetas protagónicos que sembraron el caos en Francia a fines de los años sesenta, rebelándose contra un orden establecido sin tener propuestas claras, contagiados de procesos sociales antibélicos que venían del otro lado del Atlántico. Y Julie Taymor, afamada directora teatral de Nueva York, se sumerge en las ahora clásicas melodías de Los Beatles y crea Across the universe (2007), para dramatizar los últimos momentos dorados de la juventud norteamericana de esos tiempos.
Garrel es un punto aparte del cine francés, con algunas películas escondidas previamente, de las cuales uno leía pero que eran casi imposibles de detectar en las salas mundiales. Sus amants réguliers (los amantes asiduos) son la prueba fidedigna de un talento único. Rodada en blanco y negro, con un solitario acompañamiento musical al piano a la manera de las películas del cine silente, la historia contempla a una pareja de veinteañeros en una hoguera que al principio parece política, pero que luego tiene que ver más con los traumas de sueños defraudados y relaciones sentimentales que se bifurcan o se convierten en cenizas.
Garrel pone a su propio hijo Louis (ya lo vimos en Los soñadores de Bertolucci) en el rol del poeta-protagonista. Clotilde Hesme, su pareja, parece salida de una de esas míticas imágenes de la nueva ola de realizadores franceses de los sesenta. Ellos están en el centro de un grupito de amigos donde el humo del opio se confunde con el de las quemazones de autos y llantas en las calles. En sus tres horas de duración, el filme dramatiza lo que el escritor Roberto Bolaño trajo a sus creaciones en Los detectives salvajes: el fin de la juventud es también el fin de los sueños.
Los Beatles no están presentes en la visión de Garrel, pero han sido recogidos admirablemente por Julie Taymor en Across the universe (A través del universo), título de una de sus canciones. El mundo creado en las melodías de John Lennon, Paul McCartney y George Harrison le sirve a la directora para crear una historia romántica que sucede en Liverpool y Nueva York, ilustrando el colapso mundial que significó la oposición a la guerra de Vietnam y los movimientos civiles de EE.UU. que determinaron el asesinato de Martin Luther King en 1968.
En imágenes muy MTVeras, Taymor introduce a Jude (Jim Sturgees, de 21 blackjack), joven obrero inglés de los astilleros de Liverpool que cruza el Atlántico buscando al padre que nunca conoció. Su aventura lo lleva a Nueva York, en plena acción de revueltas hippies y protestas estudiantiles. Él persigue también a Lucy (Evan Rachel Wood), rubia beldad con padres acomodados, en una de esas relaciones sentimentales que hah justificado grandes comedias musicales.
Es una época convulsionada y deleitante por sus escenarios humanos. Y están Los Beatles, con las canciones que delinearon una era, interpretadas esta vez por la pareja central y por las apariciones de leyendas tan actuales como Bono, Joe Cocker y Jeff Beck.