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| Memorias en el equipaje |
| Diego Jaramillo, en la brisa de Los Frailes |
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| Diego Jaramillo suele viajar a Los Frailes cada fin de semana en estos meses de verano junto con su esposa y dos hijas, de 9 y 6 años. Ellos tienen una casa en San José, ubicada a media hora de ese balneario. | | |
| Las ballenas revolotean frente a las costas ecuatorianas de junio a septiembre, meses en que la brisa y el ambiente grisáceo abren espacios de soledad en la playa de Los Frailes, en el Parque Nacional Machalilla (Manabí).
El escritor, pintor y escultor colombiano Diego Jaramillo, quien reside en Guayaquil desde hace una década, prefiere ese escenario de frío verano para refugiar su alma de poeta. “A Los Frailes llegué por un recóndito sonido de caracolas antiguas, el canto enigmático de las ballenas y el verde esmeralda de un Pacífico interminable”.
Llegó para cumplir un trabajo de difusión de la Universidad de Massachusetts. Pero se quedó porque se sintió felizmente atrapado por los paisajes ecuatorianos.
El principal de ellos es Los Frailes, en donde siente correr sus ideas y el fraguar de historias, “mientras mis hijas inventan castillos encantados que se derrumban con la marea de la tarde, y los alcatraces planean triangulares descensos”, indica el artista, quien es catedrático y director de calidad y comunicaciones en el colegio Torremar.
El Parque Nacional Machalilla es un tesoro para preservar, al igual que todos nuestros parques naturales. Pero este guarda secretos de tranquilidad y armonía que se conjugan con el océano Pacífico, manifiesta Diego Jaramillo. Esto lo hace un santuario singular, un remanso de otra dimensión.
Este viaje místico se vuelve más intenso mientras asienta los pies en la arena húmeda de esta playa casi solitaria protegida por una hermosa ensenada.
El viento refresca el panorama que Jaramillo prefiere. En estos meses lo acompañan las ballenas jorobadas, que bailan como artistas a pocos kilómetros de una orilla que invita a soñar, a relajarse y a crear. Es en esos momentos en que el escritor siente que la playa se queda en él para siempre.
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