En una jornada nocturna, cien obreros trabajan doce horas en la etapa final del primer túnel San Eduardo con dirección norte-sur, que estaría listo para las próximas Fiestas Julianas.
Caminan entre finos andamios y los iluminan las chispas que se desprenden de la soldadura. Se trata de cien obreros de varios sectores del país que dan forma en estos días a uno de los túneles San Eduardo de Guayaquil.
Es la jornada nocturna del martes pasado. La obra, en el cerro del mismo nombre, es una de las más importantes para aliviar el tráfico urbano, junto al puente Patria (Gómez Rendón y la 38) y el intercambiador de la av. Carlos Julio Arosemena Tola. Un enlace vial de 3 kilómetros.
Desde albañiles hasta expertos en geomembrana (aplicación de fibra plástica antes del encofrado del túnel), los trabajadores laboran doce horas diarias con un receso de una hora. Lo hacen desde hace dos años. La obra está en su fase final.
La inauguración del tramo norte-sur del primer túnel estaría lista para las Fiestas Julianas; la del segundo en septiembre, porque aún falta el revestimiento de alrededor de 500 metros. Allí, la cuadrilla de “fierreros”, como se autodenominan estos obreros, se encargan de tejer las varillas de hierro que reforzarán las capas de mezcla cementina. Ambos túneles, se espera, entrarán a funcionar a partir de octubre próximo.
Los grupos trabajan por salarios de entre 400 y 470 dólares diez días seguidos en jornadas diurnas luego descansan cinco y más tarde les toca diez días de jornadas nocturnas. “Es cansado, pero uno se acostumbra”, dice Felipe Baque, un herrero que antes trabajó en la construcción del túnel del cerro Santa Ana.
A la media noche hay un silencio en el túnel. Es la hora de cenar. El jueves pasado comieron bisté y sopa de legumbres. Y luego, a seguir con la jornada.
Él no teme caminar entre andamios. Algunos se dedicaron esta semana a colocar los soportes metálicos que sujetarán las luminarias y extractores; otros, avanzaban con el revestimiento de un tramo a la mitad del viaducto y, no muy lejos, jornaleros instalaban las grandes tuberías para el drenaje.