Para la multitud de alto standing que salió a la calle para celebrar la creación de una nueva vivienda en Venice, California, la atracción no era sólo la empresa y los detalles arquitectónicos. La casa había obtenido el equivalente en el sector de la construcción a tres estrellas Michelin: una certificación LEED de platino.
Los actores John Cusack y Pierce Brosnan, este último acompañado por su esposa, la periodista Keely Shaye Smith, fueron a ver una casa que, según prometían los constructores, “no emitiría gases nocivos a la atmósfera, produciría su propia energía” y todo, desde el hormigón hasta las encimeras, sería de materiales reciclados.
Entre bastidores se encuentran Tom Schey, constructor de Santa Mónica, y su socia, Nelly Meyer, una ecologista casada con Ron, presidente de Universal Studios.
Meyer asegura que su objetivo era demostrar que un producto sostenible “no tiene por qué parecer sacado del fondo de una estantería de una tienda de alimentos naturales. No tiene por qué oler a cáñamo”.
Eso era positivo. La casa de 4 habitaciones, diseñada por Melinda Gray, estaba a la venta por 1,80 millones de euros.
El precio refleja su calificación. La certificación LEED (por las siglas en inglés de Líder en Energía y Diseño Ecológico) es símbolo de diseño y modernidad, y el platino es el galardón de honor, clasificación máxima otorgada por el United States Green Building Council.
“Es una especie de orgullo ecologista. Como conducir un Prius”, comenta Brenden McEneaney, un asesor para la construcción de casas ecológicas de la ciudad de Santa Mónica.
Concebida hace ocho años para el ámbito comercial, la certificación LEED incluye desde escuelas hasta interiores minoristas. Pero las viviendas son la nueva frontera.
El galardón se distingue por sus categorías: certificado, plata, oro y platino, y porque el proceso es verificado por terceras partes .
Pero intente pedir a los habituados al consumo ostentoso (una casa de 1.100 metros cuadrados) que se unan al no consumismo ostentoso (una casa de 225 metros cuadrados).O que ganen puntos reciclando los escombros generados en la construcción. El confort y el respeto por el medio ambiente no siempre pueden ir de la mano.
Por ejemplo, los Brosnan, defensores del medio ambiente, construyen una casa y “quieren que sea 100% ecológica”, comenta su arquitecto David Hertz.
Puede que Brosnan utilice muchas técnicas ecológicas, pero no va a vivir en una casa de 225 metros cuadrados, comenta el arquitecto.
La queja de Hertz va más allá del tamaño. Opina que el sistema de puntuación es rígido y engorroso.
Se basa en ganar puntos por diferentes prácticas ecológicas; los constructores eligen entre ellas, sopesando el control de costos, diseño y un total elevado de puntos.
La preocupación por el cambio climático y el aumento del precio de la energía forman parte de la ecuación: aproximadamente 21% de las emisiones de dióxido de carbono que contribuye al calentamiento global procede de los hogares; casi 40% procede de comercios y residencias combinadas.
¿La certificación LEED es una herramienta de venta útil? Anunciada el pasado otoño en eBay, la casa Meyer/Schey, que puede verse en www.project7ten.com, no tuvo ofertas en su momento aunque recientemente un posible comprador ofreció 1,58 millones de euros.
Sin embargo, Maria Chao, arquitecta de Amherst, Massachusetts, comenta que el galardón le proporciona reconocimiento instantáneo.
“Este es un pueblo pequeño. Cuando digo que vivo en la casa de la calle Snell la gente dice: ‘Ah, en la casa ecológica”.