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Vestigios de un apogeo comercial

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La lencería de descuento en el barrio de Manhattan lucha por sobrevivir.
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Julio 06, 2008

Por TANZINA VEGA

Ocultos entre zapaterías elegantes, cafés finos y mercados asiáticos en las calles Orchard y Grand, quedan pequeños vestigios del Lower East Side de antaño. “Le mostraré algo como esto por 5.25”, le dijo a una clienta Howard Markowitz, mientras sostenía unas mallas negras opacas entre los dedos. “¿O busca algo más barato?”.

Hoy en día, más barato no es lo más común en ese aburguesado barrio de Manhattan. Sin embargo, para Markowitz, ofrecer descuentos en su mercancía es sólo una de las muchas tradiciones que perduran de las épocas en que el área estaba llena de tiendas, en su mayoría propiedad de judíos.

Si se trataba de comprar trajes, tela, artículos de piel, joyas y hasta ropa interior, había una cuadra en el área del Lower East Side donde lo podía encontrar. Ahora sólo queda un puñado de tiendas, casi todas venden lencería y otros tipos de ropa interior.

“Somos una especie en vías de extinción”, comentó Markowitz, mientras supervisaba su pequeño est able cimiento, Howard Sportswear, desde un desordenado escritorio en la parte trasera del local. Cajas llenas de brassieres, pantaletas y medias están apiladas casi hasta el techo.

Aunque la tienda lleva cuatro años en su ubicación actual, Markowitz tiene más de 35 años de ser tendero en el barrio, y ha vendido de todo, desde ropa deportiva para caballeros hasta ropa interior para damas.

Roger Charrette, su antiguo asistente y amigo, recuerda cuando recibió una llamada telefónica de un agente del Servicio Secreto que buscaba un brassiere descontinuado para la ex primera dama Barbara Bush.

Algunos tenderos aseguran que hace años había 10 veces la cantidad de tiendas que hay ahora. Muchas le vendían al mayoreo a vendedores de puerta en puerta y a fabricantes grandes, además del menudeo.

En su apogeo, el distrito de las compras del Lower East Side se llenaba los domingos del bullicio de los compradores. Los empleados identificaban la talla de un cliente con sólo una mirada.

La clientela de Markowitz incluye uno que otro recién llegado, o “yuppie”, como se refiere a sus nuevos vecinos. “Una vez que vienen, regresan”, dijo. “No todos los yuppies tienen dinero”. Sin embargo las ventas por sí solas no pagan las cuentas. “Vendemos nuestra mercancía en línea. Así es como se sobrevive”.

A la vuelta de la esquina, en la antes elegante y ahora polvorienta entrada con aparadores de Imkar Company, cuelgan viejas muestras de camisetas de algodón, pijamas y vestidos camiseros de otras épocas. Dentro de la tienda, Wolf Karfiol, el dueño, escucha la radio mientras espera clientes. Hay pocos.

El Lower East Side siempre fue el centro de descuentos más grande de Estados Unidos, pero ahora todo el mundo hace descuentos”, comentó Karfiol, cuyo padre fundó la tienda en 1941.

No hay mucha actividad en Imkar, sólo la venta esporádica de un juego de ropa de bebé o una bata de casa, que alguien quiere enviarle a una abuela en Europa.

“Solíamos tener 20 o 30 de cada talla, y ahora tenemos uno, dos o tres”, comentó Howard G. Winterfield, asistente de Karfiol. “En esta tienda, la gente solía hacer cola para entrar, y no había espacio para todos. Hoy pasan horas sin que veamos una persona”.

Imkar sobrevive en gran medida porque Karfiol es dueño del edificio desde 1973. “Le podría mostrar 50 tarjetas de agentes de bienes raíces, quizá más”, dijo Karfiol. Sin embargo, se niega a vender. La tienda se ha convertido en su único respiro. “No lo hago por mi bolsillo, lo hago por mi cabeza”, dijo Karfiol, quien es viudo.


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