Se acerca el mediodía y los monjes entran tranquilamente a la iglesia. Las campanas repican y el canto empieza —bajo al principio, para luego incrementar el volumen cuando todos se unen. Sus voces reemplazan el vacío del día con algo parecido al sonido de la eternidad.
Ha sido así desde la primavera pasada, cuando se corrió la voz de que los monjes cistercienses del Stift Heiligenkreuz, en medio de los bosques de Viena, habían sido firmados por Universal Music para grabar un álbum de cantos gregorianos.
Cuando el álbum Chant: Music for Paradise salió a la venta en Europa, en mayo —y ascendió a la posición número 7 en las listas de música pop británica— el chorrito de atención de la prensa se convirtió en torrente.
Heiligenkreuz puso a uno de sus monjes más mundanos, Karl Wallner, a cargo de las relaciones públicas. Cuando no está en oración, contesta llamadas de reporteros. “Hubo preocupación al principio de que esto destruyera la serenidad del monasterio”, dijo.
A algunos monjes también les preocupaba que colocar cantos, que son, después de todo, oraciones, en un producto comercial equivalía a algo así como una profanidad.
Para la mayoría, esos riesgos pesan menos que el potencial de la música para suscitar sentimientos de fe en una sociedad que se ha alejado mucho de la religión.
En 1994, los benedictinos de Santo Domingo de Silos, en España, provocaron el gran resurgimiento más reciente del canto gregoriano, con un álbum que se volvió un fenómeno. Recientemente, el canto en el videojuego Halo ha despertado interés.
Ansiosa de ser parte de la tendencia, Universal sacó un anuncio que invitaba a grupos de canto a presentar su trabajo. Fue visto por el nieto de un monje de Heiligenkreuz, que se lo comentó a Wallner, quien le envió a Tom Lewis, gerente de desarrollo de artistas en Londres para Universal Classics & Jazz, un corto e-mail con un link a un video de cantos que los monjes habían subido a YouTube.
Lewis quedó encantado: “Había una suavidad y una tranquilidad en las voces que asocias con personas más jóvenes”.
Universal negoció un contrato con los monjes, en el cual exigieron que la compañía no use los cantos en videojuegos o música pop, nunca cantarán en un escenario, y Heiligenkreuz ganará una regalía de aproximadamente 1.60 dólares por cada CD vendido.
El monasterio podría recibir entre 1.5 millones y 3.1 millones de dólares, que usará para financiar los estudios teológicos de jóvenes de países en vías de desarrollo. Hasta ahora, Universal ha vendido casi 200.000 copias.