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Algunas plantas llevan una vida social secreta

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Algunas plantas pueden distinguir entre un familiar y un extraño. Pueden ser presa de un parásito como la cúscuta, vista al acercarse a una planta de tomate y atacarla.
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Julio 06, 2008

Por CAROL KAESUK YOON

Desde sus diminutas flores color lavanda hasta sus dispersos tallos movidos por el viento, no hay nada acerca de la hierba costera conocida como cohete playero, que sugiera que podría ser alguna especie de maravilla botánica.

Sin embargo, científicos han encontrado evidencia de que el cohete playero es capaz de hacer algo que jamás se ha mostrado que haga otra planta. Éste, reportan los investigadores, puede distinguir entre las plantas que están emparentadas con ella y las que no. Y no sólo reconoce a sus parientes, sino que también les da trato preferencial.

Si el cohete playero detecta que plantas sin parentesco crecen en la tierra con ella, agresivamente brota raíces que arrebatan los nutrientes. Sin embargo, si detecta a familiares, cortésmente se reprime.

El hallazgo es una sorpresa, incluso hasta un shock, en parte debido a que ni siquiera se ha mostrado que la mayoría de los animales tenga la habilidad de reconocer a parientes, pese a las enormes ventajas de ello.

“Sencillamente estoy admirada por todo lo que hemos encontrado”, comentó Susan A. Dudley, ecologista especializada en evolución de plantas en la Universidad de McMaster, en Hamilton, Ontario, que llevó a cabo el estudio. “Las plantas”, agregó Dudley, “llevan una vida social secreta”.

Desde que la investigación sobre los cohetes playeros fue publicada en agosto en Biology Letters, revista de la academia nacional de ciencias del Reino Unido, Dudley y sus colegas han encontrado evidencia de que otras tres especies de plantas también pueden reconocer a familiares.

Los estudios son parte de una imagen que surge sobre la vida entre las plantas, en la que puede verse que estos organismos, durante mucho tiempo considerados como follaje inmóvil y pasivo, sienten toda clase de cosas sobre las plantas que los rodean y utilizan esa información para interactuar con ellas.

La vida social de las plantas puede haber permanecido misteriosa durante tanto tiempo porque, como han visto los investigadores en especies como la artemisa y el estramonio, la forma en que sienten las plantas puede ser muy diferente a la manera en que lo hacen los animales.

Los científicos también encuentran plantas que exhiben formas de reunir información sobre otras plantas de los químicos liberados en la tierra y el aire. Se ha encontrado que una hierba parásita, la cúscuta, es particularmente adepta a percibir tales sustancias químicas.

La cúscuta es incapaz de brotar raíces o fabricar azúcares utilizando la fotosíntesis, proceso utilizado por casi todas las otras plantas. Como resultado, los investigadores sabían que después de brotar de la semilla, la planta muy rápidamente necesitaría comenzar a crecer sobre y dentro de otra planta para extraer los nutrientes necesarios para sobrevivir.

Sin embargo, incluso los científicos que estudian la planta se sorprendieron ante la velocidad y precisión con la que una plántula de cúscuta podía percibir y cazar a su víctima. En películas tomadas a intervalos, vieron a plántulas de cúscuta moverse en círculo, en lo que descubrieron era una muestra de químicos, transportados por el aire y liberados por plantas cercanas.

Entonces, usando sólo el dejo de los olores y sin haber tocado otra planta, la cúscuta creció hacia su víctima preferida. Es decir, sintió y atacó de manera confiada a la especie de planta sobre la cual crecería mejor.

“Cuando uno ve las cintas, te da la impresión de que esto es como un comportamiento animal”, expresó Consuelo M. De Moraes, ecologista química en la Universidad Estatal de Pennsylvania, quien formó parte del equipo que estudió la planta. “Es como un gusanito moviéndose hacia la otra planta”.

Aunque comienza a surgir una visión de las plantas como organismos sensibles, los científicos tienen 20 años de encontrar indicios de tales capacidades e interacciones. Sin embargo, los descubrimientos han continuado sorprendiendo a los científicos, debido a lo que algunos describen como una incredulidad muy enraizada de que las plantas, sin el beneficio de ojos, oídos, nariz, boca o cerebro, pueden hacer todo lo que se les ve hacer.


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