Domingo 06 de julio del 2008 Vida

Límites de la telefonía móvil en Brasil

SAO PAULO, Brasil

Tecnología: Web 3.0

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Más del 60% de los casi 190 millones de brasileños tienen un móvil.

Un aparato para cada dos humanos. Un poder de procesamiento que se acerca cada vez más al de las computadoras. La posibilidad de tenerlos siempre consigo, en el bolso o en el bolsillo. No paramos de cantar los incomparables méritos de la telefonía móvil hasta ver en ella también una herramienta privilegiada para el desarrollo.

¿Acaso no permite brincar etapas? ¿Acaso los pescadores pobres de Kerala en la India no lo usan para informarse sobre el mejor punto en el cual vender sus pescados y, de esa manera contornar a los intermediarios? ¿Acaso los africanos no han sido capaces de inventar un nuevo tipo de banco en el cual la moneda de base es el tiempo de conexión?

Es cierto, pero la generalización de dicha tecnología no parece ser inminente, como nos muestra el caso de Brasil. Más del 60% de los casi 190 millones de brasileños tienen un móvil, dicen todos los especialistas. Pero si bien se registran unos 130 millones de esos aparatos, una parte no insignificante de la población activa usa más de un teléfono o de una tarjeta SIM. Sergio Amadeu, profesor de la universidad Casper Libero sugiere quitar un mínimo de 20 millones a la primera cifra. A lo cual debemos agregar que apenas el 3% de los móviles activos son “inteligentes” y permiten acceso a las variadas funcionalidades de internet.

El verdadero problema es que los dueños usan menos sus teléfonos de lo que podríamos pensar. El precio de las comunicaciones es demasiado elevado. En términos sencillos (como en cualquier parte hay considerables variaciones), el minuto de conexión cuesta 1 real para quienes tienen una suscripción y 1,4 para quienes usan tarjetas prepagadas (1 real = $ 0,62 ). El salario es de 450 reales al mes y un poco menos de la mitad de la población vive con dos salarios mínimos o menos).

La comunicación con tarjeta prepagada es una de las más caras del mundo y, sin embargo, ¡el 80% de los usuarios brasileños han adoptado ese sistema! Consecuencia: si bien la mayoría de los brasileños tienen un teléfono móvil, el número de quienes lo usan completamente es extremadamente reducido.

Todos reciben llamadas, pocos llaman. Conservan su número al comprar cada tres meses créditos de 10 reales mínimo, con los cuales solo pueden hablar (poco) durante 20 días. Empresarios y usuarios llaman este tipo de contrato “Pai de santo”, referencia poética a quienes, en la religión Candomblé, de origen africano, entran en trance al ser visitados por la deidad que “baja” sobre ellos desde el cielo.

El celular de la mayoría de los brasileños apenas funciona en un solo sentido y no deciden cuándo usarlo. Muchos consiguen así gastar menos que con una suscripción (conocida como pospago), pero un número significativo acaba pagando más caro sin tener una facilidad de comunicación real. ¿Por qué? La primera razón parece ser la voluntad de conservar el control de sus gastos. “Recargo mi tarjeta cuando puedo, cuando tengo dinero en el bolsillo”, me dijo un camarero.

“Se comportan como verdaderos ingenieros. Están atentos al más mínimo detalle y a las ofertas promocionales”, indica Lea Kayano de Vivo, una de los tres operadores más grandes.

La precariedad del empleo es otro factor importante. “Muchos no sabemos si vamos a tener dinero por la duración del contrato impuesto por los operadores”, explica Pedro Campos, investigador del tema en la Universidad de Sao Paulo.

Así que la mayoría de los brasileños tienen un celular, pero no pueden llamar cuando quieren. Los operadores dicen soñar con un país en el cual todo el mundo tenga suscripción (para la cual ofrecen descuentos en los aparatos).

Una parte significativa de los sectores más pobres viven mejor desde hace algunos años por acá, pero la situación no cambia, la proporción de aparatos con tarjeta prepagada sigue siendo prácticamente la misma. Lo preocupante es que la actual estructura de precios parece limitar la penetración de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y su potencial de cambio económico pero también... social y político. El impacto sobre el desarrollo tardará en hacerse sentir.

Por lo cual uno se lleva a preguntar si esta limitación no es intencional. De la misma manera, vale preguntarse si los operadores no se satisfacen de una situación en la cual la gente habla poco, pero paga muy caro cada llamada (Brasil tiene las tarifas más altas de toda América Latina y entre las más elevadas del mundo).

“De ser el caso”, estima el profesor Francois Bar de la University of Southern California, responsable de una investigación sobre el tema, “se equivocan porque los operadores del sureste asiático han demostrado que se puede hacer buenos negocios vendiendo muchas llamadas baratas a muchos clientes pobres”.

“Debemos seguir el camino de la movilidad”, estima Amadeu, “pero hoy, en Brasil, el acceso a internet se hace cada vez más por computadora”. ¿Una paradoja?

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