- JUL. 05, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
La producción del dramaturgo ecuatoriano Cristian Cortez se difunde en Nueva York, Estadoa Unidos. La semana pasada hubo una lectura de dos de sus piezas teatrales en la biblioteca de Jackson Heigts: Noctámbulos y La clase sánduche. Y del 12 al 15 de junio se presentó una temporada de la obra Deportada del paraíso, con la participación de la actriz Mariana Buoninconti.
En el 2004 esta actriz argentina, junto a otras dos artistas, puso en escena en Nueva York, otro trabajo de Cortez: Souflé de rosas. Con este ganó los premios ACE (Asociación de Cronistas del Espectáculo en Nueva York) y HOLA (Hispanic Organization for Latin Actors) como mejor actriz de drama.
Buoninconti dice que conoció a Cortez la noche del estreno de Souflé de rosas. “Le dije que me gustaba mucho su forma de escribir y le comenté la inquietud que tenía por años de hacer un unipersonal. Y él me dijo: Yo te lo escribo”, relata. Así nació Deportada del paraíso, cuyo argumento gira en torno a la migración y presenta a mujeres de la historia universal y anónimas de la actualidad que atraviesan ese fenómeno social.
“Me siento maravillosamente plena haciendo Deportada del paraíso, me siento muy complacida con el autor por su enorme trabajo de escritura y más orgullosa sabiendo que lo escribió pensando en mí como actriz”, refiere Buoninconti.
Ella interpreta a tres personajes: Eva, Cleopatra y Mona Lisa, pero tambien estas interactúan con otros personajes de su alrededor.
“Quiero llevarlo a toda Latinoamérica ya que estas historias de inmigrantes se viven en cualquier parte del mundo y a todos nos tocan el corazón”, indica.
Cortez se muestra complacido por la difusión de su trabajo, no obstante las dificultades que existen en Ecuador para el trabajo de dramaturgo. “Los directores han entrado en un proceso de generar o adaptar sus propios textos y muy poco acuden a los dramaturgos”, comenta. A eso se suma que en el país casi no se publican obras de teatro y tampoco hay concursos ni talleres. “Creo que hacer dramaturgia es un oficio necio, a contracorriente, de testaturez. Es solo la satisfacción personal de no dejar de generar teatro. En mi caso, pese a tener que escribir televisión, que me ocupa mucho tiempo, me resisto a dejar de escribir teatro”, dice.