sábado 05 de julio del 2008 Columnistas

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El título de este artículo es un número pero, en realidad, es más que eso. Es la identificación ante el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social de una de sus afiliadas. En definitiva, representa a una persona.

Pero en el IESS no lo entienden así o, al menos, eso parece. Todo indica que para la institución y sus miembros es solo un número, en abstracto, un número que como tal, no corre riesgos. Los riesgos los corren las personas y para el IESS, según parece, los afiliados no lo son.

De otra manera no se explica que la afiliada, a quien corresponde el número que titula este artículo, haya ido al dispensario a principios de año, varias veces, buscando remedio a sus problemas digestivos, lo que no logró, por lo que el 23 de abril decidieron que necesitaba exámenes más profundos y ordenaron una gastroscopia, para la cual le dieron turno el 3 de julio. Ese día cuando llegó al hospital esperando se la hagan, le dijeron que necesitaba antes un análisis de sangre, para el que le dieron la orden y para la gastroscopia la citaron el 14 de julio y el 7 de agosto para entregarle los resultados. Esto es, ciento ocho días después de que el médico detectó la necesidad de este tipo de examen. A nadie se le escapa que en esos días puede variar sustancialmente la salud de la afiliada sin pensar, además, en el desgaste nervioso que supone la espera.

Se podría argumentar que los afilados son muchos y que es imposible acortar esos plazos porque la infraestructura de salud del IESS no lo permite. Puede ser, pero eso solo demuestra que esa institución no es la adecuada respuesta para la seguridad de atención a la salud de los afiliados sino, por el contrario, la mayor garantía de inseguridad.

Se puede añadir que así ha sido durante años y que ahora el Estado ha pagado la deuda que tenía con la institución, lo que es cierto pero insuficiente explicación porque el problema no es solo de dinero sino, básicamente, de concepción de servicio y de capacidad de administración.

Todos sabemos que en las instituciones públicas los ciudadanos son mal atendidos y despersonalizados, más aún, deshumanizados como en este caso, apenas un número que no puede agravarse, sufrir dolores, ni morir, aunque la espera por la atención debida sea larga.

Cada afiliado y su patrono aportan mensualmente un porcentaje considerable de sus ingresos al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y tienen derecho a esperar un servicio eficiente, pero no es así. Sin embargo, el IESS mantiene el monopolio de la administración de los servicios de salud de los afiliados, aunque estos tengan que padecer ser solo un número. ¿Usted, cuál es?
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