Algunos somos recalcitrantes, obsesivos, monotemáticos. ¿Será que conseguimos transmitir nuestro entusiasmo o, por el contrario, producimos efectos negativos?
Yo no puedo detenerme a auscultar los resultados porque las circunstancias tienen sus propios lenguajes y me arrastran con ellas: estamos en tiempo de propuestas de lecturas. El Mercado Sur o Palacio de Cristal se engalana y recibe a sus visitantes ofreciendo un producto de “dudoso” interés: los libros. Dudoso porque –como ya lo hemos analizado– ocasiona resistencia de parte de mucha gente, más que nada joven, porque sus costos están elevados, porque nunca hemos sido una comunidad que resalte por el consumo de ellos. De todo un poco.
La Expolibro número tres ha tenido muchos problemas. Ya lo contó su propiciador, don Jaime Rull. Pese a sus afanes, muchas de las puertas que tocó dijeron no a la petición de apoyos. Otra lección de la historia es que en tiempos difíciles, las iniciativas de la cultura salen perdiendo, que por ese lado se recortan los presupuestos. Así y todo, ayer se inauguró el evento y ofrece a la ciudad una cantidad impresionante de actos que tienen que ver con escritores y libros. De todo hay y para todos los gustos. El problema es que al asistente sencillo hay que ayudarlo a elegir y no sé a quién le corresponde ese papel.
La Sociedad para el Fomento de la Lectura vuelve a ofrecer un “proyecto educativo” a través de este Diario. No podíamos dejar de sumarnos a las iniciativas de homenaje a don Alfredo Pareja Diezcanseco en el centenario de su nacimiento. Los maestros y alumnos tendrán una colección de ocho fascículos cuya pretensión es eminentemente pedagógica: hacer de la hora de Literatura un encuentro entretenido y creativo en el cual el acto de leer esté reforzado con actividades lúdicas y reflexivas. Hoy, cuando el aula se queda pobre ante el aburrimiento juvenil, cuando el maestro con su palabra y su tiza naufraga, solitario, ante la mirada perdida y el oído cerrado de los adolescentes, tal vez (y lo digo con humildad y prudencia) la invitación a leer “de otra manera”, buscando pistas para realizar ejercicios y pruebas de atención, produzca incentivos.
Estos cuadernillos traen consigo otra invitación. La de participar en un concurso de conocimiento exhaustivo de dos novelas del maestro Pareja Diezcanseco.
Pretendemos que el acto de leer se arranque de su habitual marco de soledad y se abra al juego entre amigos. Contestar preguntas sobre Baldomera y Las tres ratas, con apoyo de los fascículos, representa la oportunidad de buscar afines, charlar sobre las dos novelas y calcular –tal como se hacía frente a cada aporte o examen en tiempos estudiantiles– qué se podría preguntar sobre esas lecturas.
Entonces, ya sea de libros nuevos (y verán montones de títulos recientes en la Expolibro), ya de clásicos de nuestras letras como es el caso de las obras mencionadas, el acto lector está allí, al alcance de la mano. Esperando su sitio en nuestras apresuradas existencias. Seguro de proporcionar la riqueza de su legado, aunque algunos no se den cuenta de ello, de manera inmediata.