Viernes 04 de julio del 2008 Internacionales

Una mamá que llenó de besos a sus hijos

AFP-AP | BOGOTÁ

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BOGOTÁ. Un encuentro emotivo al que calificó como “una orgía de besos y abrazos” tuvo ayer Íngrid Betancourt con sus dos hijos, Lorenzo y Melanie Delloye, que arribaron desde París.

Apenas se ubicó la escalera del avión que traía desde París a Lorenzo y Melanie Delloye, los hijos de la recién liberada de las FARC, Íngrid Betancourt, ella se adelantó y a prisa subió los peldaños y esperó a que abran la puerta.

Luego de seis años en la selva colombiana, la ex candidata presidencial no pudo contener las lágrimas en el reencuentro con los ahora dos jóvenes, que tras un breve abrazo y tomados de la mano en el quicio de la puerta de la aeronave entraron a esta y allí realizaron lo que ella llamó como “una orgía de besos”. Permaneció por diez minutos antes de bajar para hablar con la prensa.

“¡Estoy muy orgullosa de ellos, que lucharon solitos y dieron una batalla hermosísima por mi libertad!”, dijo Betancourt tras abrazarlos y recordar que la última vez que los había visto eran apenas unos niños.

En el Airbus A-319 que lleva hoy a Betancourt a París, además viajaba una delegación de 30 personas, entre ellos la hermana de la ex rehén Astrid, el ex esposo de Íngrid, Fabrice Delloye; y, el canciller francés, Bernard Kouchner.

En un mensaje desde la pista de la base aérea militar de Bogotá, el canciller Kouchner calificó como “un momento mágico verla (a Íngrid) rodeada por su familia, esto no nos impide pensar que otros todavía están secuestrados”, resaltó.

Betancourt, de 46 años, fue rescatada el miércoles junto con los estadounidenses Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell –contratistas del Departamento de Defensa de su país– y 11 militares y policías colombianos en las selvas de Colombia, en el Guaviare.

“Doy gracias a Dios por este momento, son mis niñitos, son mi orgullo, mi razón de vivir, mi luz, mi luna, mis estrellas, por ellos seguí con ganas de salir de la selva por volverlos a ver”, indicó Betancourt.

Melanie y Lorenzo, quienes empezaron a saludar a su madre desde las ventanillas del avión, también dijeron que están viviendo el mejor momento de sus vidas.

“Temimos un rescate militar, por los riesgos, pero ahora que vivimos esta felicidad queremos disfrutarla y vamos a seguir luchando por la libertad de los rehenes”, señaló Melanie.

Lorenzo, el hijo menor de Betancourt, dijo sentir una confusión de sentimientos al ver a su madre tras su largo cautiverio. “Hemos ganado un combate por la libertad, que es muy preciosa”, dijo en breves palabras.

La ex rehén pasó la primera noche en casa de su madre, Yolanda Pulecio, relatando detalles de su secuestro. “Ella quiso desayunar con naranjas, tenía ese antojo”, señaló su esposo Juan Carlos Lecompte.
“Llegamos a la casa muy entrada la noche y nos enfrascamos en una larga conversación, donde nos narró los detalles de su triste cautiverio (...) Ella está muy bien, generosa de espíritu y muy lúcida. Su cuerpo tiene algunas secuelas (del cautiverio), pero nada grave. Su alma está muy fortalecida. Y ahora su prioridad es encontrar a sus niños”, señaló el esposo de la ex candidata presidencial.

Además, confesó que durante su cautiverio de más de seis años consideró a diario la posibilidad de suicidarse, pero que los mensajes de su madre la hicieron desistir y que la tentación del suicidio es permanente en todos los secuestrados.

DETALLES: Escenarios

Se vio con Emmanuel
La ex rehén colombiana Íngrid Betancourt se reencontró ayer con Emmanuel, el hijo nacido en cautiverio de Clara Rojas, su compañera de fórmula a la vicepresidencia, con quien compartió secuestro y que fue liberada en enero. Betancourt le tejió a Emmanuel su primera ropa.

Frialdad
La frialdad mostrada por Betancourt con su esposo, Juan Carlos Lecompte, es comentada por colombianos, que prevén una crisis en la relación. Según la fundación País Libre, el 33% de parejas que han vivido la crisis luego de un largo cautiverio acaban con la relación sentimental

Asamblea se congratula
La Asamblea en Montecristi ayer mostró su congratulación y solidaridad con Colombia por la liberación de quince rehenes secuestrados.

CRONOLOGÍA: Y la estrategia del operativo de rescate

00:01 del martes. Militares, supervisados directamente por el jefe del Ejército, Mario Montoya, concluyen el último ensayo del operativo, cuyo comienzo había sido retrasado 24 horas.

05:00 del miércoles. En el campamento de las FARC, en el este de Colombia, donde habían sido concentrados los secuestrados, comienzan una jornada habitual: los rehenes se levantan para escuchar los mensajes que en la forma acostumbrada les transmiten sus familiares por las radios comerciales.

07:00 El jefe guerrillero Gerardo Aguilar César, responsable de la vigilancia, comunica a los cautivos que deben estar listos para hacer un viaje.

Pasadas las 12:00. Los dos helicópteros militares, pintados de blanco para simular una misión humanitaria, parten de una base con destino a la selva del Guaviare.

13:13. Uno de los helicópteros aterriza en un descampado abierto por los guerrilleros a 70 km al sur de San José del Guaviare, mientras que el otro se mantiene en el aire. Los seis militares que viajan a bordo (dos tripulantes y otros cuatro que fingen ser miembros de una misión internacional y guerrilleros) notifican a César que él debe participar en el traslado de los rehenes a un campamento donde los espera Alfonso Cano, recientemente nombrado jefe de las FARC.

13:30. Tras un breve diálogo, César y otro de sus hombres ordenan que los secuestrados sean esposados y subidos a la aeronave.

13:36. El helicóptero parte del campamento y mediante una clave (“generadores en su punto”) uno de los pilotos notifica a los mandos militares que tienen en sus manos a los secuestrados.

13:41. Cuando la aeronave alcanza los 2.500 pies, dos militares camuflados reducen a César y su acompañante y gritan a los secuestrados: “Somos el Ejército de Colombia. Ustedes están libres”. El presidente Álvaro Uribe es informado por una llamada telefónica.

14:00. Los dos helicópteros llegan a San José del Guaviare donde Betancourt y los demás rehenes abordan un avión militar hacia la base de Tolemaida, donde los espera el avión presidencial. Allí los tres estadounidenses rescatados toman otra aeronave y viajan a EE.UU.
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