jueves 03 de julio del 2008 Columnistas

Hazte a un lado

Por expresiones del propio economista Alberto Acosta que han sido publicadas en diferentes medios de comunicación del país, hemos conocido que un grupo de ocho ciudadanos, denominados “el buró político”, le dijeron nada menos que al Presidente de la Asamblea Constituyente de plenos poderes: “Hazte a un lado”.

Como dicen los jóvenes, barájate. Pero cómo puede ser que luego de que en reiteradas ocasiones los propios asambleístas exclamaban que la Asamblea tenía plenos poderes, superpoderes, que el mismo presidente Rafael Correa, en un discurso en la mencionada Asamblea, expresó que el economista Acosta era el hombre más poderoso del país...

Acosta ha afirmado que aceptó esa gentil invitación porque no podía admitir que se priorizara la velocidad antes que el debate jurídico, y que no podía dejar de escuchar a los asambleístas de la oposición, que él es muy democrático; a lo que le contestaron que “nadie es imprescindible”. Replicó que el poder por el poder embrutece.

Al hombre que sacó la más alta votación el pasado 30 de septiembre pasado en calidad de asambleísta, al que le rendían todos los honores sus propios compañeros de lucha, sus coidearios socialistas, todos los que trabajaron en la campaña para que la patria sea de todos, con un solo empujón lo tumbaron.

¿Dónde quedaron los plenos poderes del Presidente de la Asamblea?

¿Por qué, economista Acosta, desde el comienzo, cuando se instaló la Asamblea, no la hizo respetar?, ¿por qué no puso límites? ¿Por qué siendo izquierdista de gran estudio social no recordó que en la asamblea francesa de la Revolución de 1789 se proclamó la independencia de los tres poderes?  ¿Por qué no exigió que se cumpla lo que ordena la Constitución vigente de 1998 en el Ecuador, que dice que el Congreso Nacional es independiente de las otras funciones del Estado? ¿Por qué aceptó suspender deliberaciones y temas importantes hasta reunirse en Manta o Montecristi con el Presidente de la función Ejecutiva?

Usted fue medido y tanteado, luego lo debilitaron, y después obviamente lo sacaron del puesto. Y no le quedó más que aceptar su despido. Lo sacaron más rápido que a un trabajador tercerizado. ¿Por qué comete el suicidio político de quedarse aupando a sus coidearios, artífices de su despido?

Después de haber dicho a la prensa todo lo que ha expresado, ¿cómo puede alzar la mano para votar a favor de artículos de la nueva Constitución en paquetes de a treinta?

Si se quejó del procedimiento que va a emplear el nuevo Presidente de la Asamblea,  ¿cómo usted, que lo denunció, va a ser parte de aquello alzando la mano? ¿No se da cuenta de que se está convirtiendo en denunciante del atropello y cómplice del mismo?
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