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¿Qué tienen que ver las ideologías con las relaciones diplomáticas de los pueblos? Nada. Los dos dictadores Castro han exigido durante medio siglo que Estados Unidos restablezca relaciones comerciales con Cuba, y estarían dispuestos a conversar con el mismísimo Bush para lograrlo. Pero Correa es más “radical”. Acaba de anunciar, muy suelto de huesos, que no reanudará relaciones con los colombianos hasta que elijan a otro presidente con otra manera de pensar, porque el que tienen a él no le gusta.
Europa nos amenaza con su política migratoria. El futuro de Norteamérica es incierto. El comercio internacional se vuelve inflacionario. Y mientras escribo estas líneas, un enorme glacial se desprende del casquete polar norte. Pero en lugar de propender para que la región de los Andes y América Latina enfrenten unidas varias de estas amenazas, Correa protagoniza una nueva rabieta.
Es increíble cómo las proclamas de unidad pueden dividir a los pueblos. Ocurrió con la doctrina Monroe. “América para los americanos”. Hermosas palabras. Después supimos que Washington había querido decir en realidad “América para los norteamericanos”.
Lo que ocurre es que el patrioterismo da votos. Velasco Ibarra y Febres-Cordero lo sabían. De ellos aprendió nuestro Presidente. El show que armó luego del bombardeo irresponsable de Uribe, le funcionó. Convenció a medio país de que defendía nuestra soberanía y las encuestas mejoraron. Vino la reunión de la OEA, luego la de Río; y ambos organismos le dieron amplias satisfacciones. Pero él siguió tomándose fotos con el puño en alto porque las encuestas seguían despuntando.
Entonces los ecuatorianos se acordaron de que el arroz y el pan caros matan más que inexistentes invasores. Recién en ese momento Correa aceptó cambiar de menú electoral, y se disponía a olvidar el asunto Colombia. Pero se precipitó la ruptura con Alberto Acosta, la conciencia moral del correísmo, y para parar los ríos de descontento dentro de su partido “monolíticamente” unido, el Presidente no encontró mejor receta que pegar un alarido: “Cuidado, Uribe ataca otra vez”.
Eso, por supuesto, no le hace ni mella a Uribe; en realidad fortalece sus proyectos, porque el Presidente colombiano sabe, como Correa, que no hay nada mejor para una crisis interna que tener un enemigo externo.
En el caso del Ecuador habría que agregar que no hay nada mejor para embobar a nuestra izquierda “revolucionaria” que hacer gárgaras antiimperialistas y antiuribistas.
Correa no tiene ningún concepto diplomático claro. Sistemáticamente se ha negado a calificar de terrorista a las FARC con el argumento absolutamente cierto de que a él no le toca opinar sobre asuntos internos de otro país. Pero cuando le convino, dio un trampolín y declaró que sí podría reconocerlas como “fuerza beligerante”. Ahora quiere opinar sobre cómo deben votar los colombianos.
Así seguirá, dando zigzags, mientras sus conveniencias políticas se lo exijan. |