Miércoles 02 de julio del 2008 Cultura

Espléndido cierre

Genoveva Mora Toral para EL UNIVERSO

Fragmentos de Junio culminó con la actuación de Danza Abierta de Cuba

Encuentro.

Definitivamente la frontera entre la danza y el teatro es versátil,  muchos son los trabajos  de danza teatro que dan cuenta de esta fusión. Danza Abierta de Cuba, el grupo que cerró con una noche espléndida el Encuentro  Fragmentos de Junio, lo hizo con una obra donde no solo el teatro y la danza se encontraron;   fue la  música, a través de las voces de estos intérpretes-bailarines, la que concretamente, dio el tono a una singular propuesta dancística.

El coro es, en primer orden, el personaje; aparentemente sólido, indisoluble y eficiente, “encadenado a la música”, el que pronto empieza a desmembrarse, acción que se convierte en  leitmotiv  de la obra y logra ser manejado con la mesura necesaria para no caer en la reiteración gratuita.

En ese desprendimiento van perfilándose personajes que encarnan el abanico de particularidades que definen a hombres y mujeres: la apatía, el entusiasmo, el poder, la derrota, todo esto traducido a un enredo desenredo; atados siempre a ese lazo visible que los mantiene obligatoriamente unidos y del que, en un momento dado, todos pugnan por librarse. La acción se centra en una “cadena” de movimientos para “desencadenar” el grupo. Una coreografía sustentada en una estructura sólida en apariencia sutil, que en muchos momentos pareciera dar espacio incluso a la improvisación.

Cinco bailarines: Grettel Montes de Oca, Mailyn Castillo, Orialys Hernandes, José Antonio Hevia y Julio César Manfugás, a pesar de la ausencia de Odwen Beovides, quien no pudo llegar; bajo la dirección de Guido Gali, la coreografía de Marianela Boán y la asesoría general de Noel Bonilla Chongo, se convierten en las notas de esta escritura escénica que le apuesta al contrapunto de voces y cuerpos, donde lo interesante es que en ningún momento se desbordan; sin embargo, sustenta una orquestación de frecuencias suficientemente fuerte para sostener el interés y la empatía con el espectador.

Equilibrio y mesura son las palabras que definen a un trabajo donde el humor también está perfectamente calculado, donde toda esta serie de fugas se revierten en gesto preciso, en coreografía escrita para explorar las posibilidades expresivas del cuerpo y la teatralidad que identifica a este grupo caribeño cargado de  histrionismo y simpatía.

No podemos dejar de leer detrás de esta lúdica pieza,  una inteligente crítica al sistema, un reclamo a la libertad necesaria e imprescindible  a la hora de crear;  también el reconocimiento a la disciplina como innegable medio para alcanzar la excelencia.  Chorus Perpetus  es homenaje y constatación del esfuerzo para alcanzar niveles como el mostrado por este elenco que despliega  virtuosismo y explora toda una gama musical que va de lo sacro a lo profano,  y simultáneamente revela el complejo mundo de las relaciones sociales, el incontenible éxodo de la gente en busca de otras voces. Un coro perpetuo de canto a la vida, al erotismo, al juego de vivir y a la insoslayable necesidad de ser individual, pero también de pertenecer.

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