martes 01 de julio del 2008 Columnistas

Debate sobre transgénicos

La importancia y utilidad de las plantas genéticamente modificadas es tema de controversia internacional. En el país se ha agudizado la discusión entre quienes, ya en la Asamblea Constituyente, ya en el poder Ejecutivo, ya en los sectores importadores, están a favor o en contra de la importación y uso alimentario de estos productos vegetales.

La revista Science, una de las más prestigiosas de Estados Unidos, en su editorial de abril de este año dice: “La genómica de los vegetales trae el ofrecimiento de mejorar los cultivos mediante manipulaciones transgénicas. Pero las plantas genéticamente modificadas han oscilado entre éxitos y fracasos, con desafíos éticos y de regulaciones, así como con preocupaciones públicas”.

Ciertas ventajas agrícolas, como la resistencia de las plantas transgénicas a determinadas pestes y el consiguiente aumento de la productividad, han impulsado grandes negocios, pero no hay aún evidencias suficientes sobre su inocuidad para el consumo como alimento humano.

Los principales productores de plantas transgénicas son Estados Unidos, en soya y maíz; Argentina, en soya; Brasil, en maíz (pero su Ministerio de Salud no ha declarado que este estuviese libre de riesgos para el consumo humano); Canadá, en canola (una oleaginosa utilizada en la producción de biodiésel); India, en algodón (pero no siembra ni importa alimentos transgénicos) y China, que produce algodón. Tanto en estos como en otros países, prosiguen investigaciones para modificar el genoma de más plantas. Algunas con miras a producir vinos, otras biocombustibles, biodiésel y también medicamentos. En los próximos años habrá abundantes novedades buenas y malas.

Ecuador importa soya y maíz transgénicos: soya para producir aceite comestible de buena calidad nutritiva y también pasta para alimento animal; y maíz duro para elaborar alimentos balanceados destinados a la crianza, sobre todo, de pollos.

Hasta hoy no existen informaciones de que el aceite de la soya transgénica haya ocasionado trastornos en la especie humana. Cuando el aceite es puro, no contiene ni proteínas ni ácidos nucleicos, siendo estos ácidos los que forman el genoma que sufre manipulaciones. Por ello, es poco probable que el aceite puro ocasione efectos nocivos. En cuanto al maíz, aunque contiene estos productos químicos que podrían alterar el genoma de los pollos, no existen reportes de alteraciones en gente que consume estas aves.

En suma, merece seguirse una política preventiva, pero por ahora no conviene prohibir la importación de soya y maíz transgénicos para los fines indicados, pues la producción de aceite, pollos y huevos, depende de la disponibilidad de soya y maíz duro. En cambio, conviene estimular la producción de estos granos con variedades no genéticamente modificadas, lo cual –valga preverlo– requiere de tiempo.
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