Ventas bajas obligaron a los propietarios a cerrar y a buscar nuevos espacios.
Diecisiete locales de comida, ubicados en las salas de espera de los niveles superiores de la renovada Terminal Terrestre, se vieron en la necesidad de cerrar sus puertas.
Las ventas empezaron a bajar a raíz del mes de febrero, según los comerciantes, por la falta de clientes, por lo que soportaron hasta ayer miles de dólares en pérdidas. Ellos debían cancelar, además del alquiler de los locales, pagos de servicios, adecuaciones de los locales cuando se abrió la terminal; y, además, el sueldo a sus colaboradores.
“Diciembre fue bueno porque era Navidad y por la novedad de la Terminal, enero fue más o menos, pero en febrero y marzo se puso peor. En febrero cerraron los primeros locales como Pizza Quil”, afirmó ayer María Leonor Plaza, una de las representante de ese local de Yogurt Persa.
Mientras supervisaban la desocupación del local, Plaza y su socia Giselle de Guzmán evaluaron la situación. A su criterio el edificio está mal distribuido. En los extremos no debe haber locales de comida, sino de comercio en general, indicaron, porque a esos lugares no llegan los pasajeros.
La fundación, en cambio, considera normal la salida de estos 17 concesionarios que representan al 6% del Outlet. “Es normal que exista una rotación de concesionarios en el primer año de funcionamiento, por diferentes razones, como no ofrecer el producto adecuado al precio adecuado, diferencias de orientación con el grupo objetivo, etcétera”.
Y aunque no reconocen que la decisión de ubicar patios de comida en las salas de espera, que pocos usuarios usan, incidió en esta situación, afirman que en estos seis meses “se tomaron acciones tendientes a incentivar las actividades comerciales” en esos niveles.
Incluso, anuncian la próxima instalación de pantallas plasma en las salas y que ya existe el servicio de internet inalámbrico en el segundo nivel.
Las propietarias del local informaron que la semana pasada se reunieron los dueños de 25 locales que empezaron a salir, incluso desde el jueves anterior, como China Town, pero otros once salieron en febrero.
Según Guzmán y Marcela Accini, propietaria del Rincón Criollo, han contado con la ayuda de la Fundación y del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot.
Explicaron que gracias al diálogo mantenido no van a tener que pagar los cinco años de la concesión de los locales. Sin embargo en un alcance de un comunicado enviado por la Fundación se informa que esos locales cerraron por falta de pago y que el Terminal “no puede asegurar que los locales de la planta alta vendan el mismo volumen que los de la baja, y evitar que cuando haya competencia, sobreviva el más eficaz”.
Las seis personas que trabajan en el local Rica Sazón, del primer nivel, irán a otro local, al igual que las personas que trabajaban para Guzmán y Plaza, pero los demás no tienen recursos para irse a otra parte.
En ese local, solo por adecuaciones se gastaron 15 mil dólares, según su propietaria, que prefirió no dar su nombre. Además filtraciones de agua, que hasta ayer no le arreglaron.
Otros locales como panadería California y Sea Food esperan ser reubicados.
Sin embargo, la Fundación insiste en que se ha desarrollado una campaña interna para mejorar el flujo de consumidores en esos niveles, donde no solo han cerrado locales de comida sino también uno de comercio: AMS & CO.
También está listo un plan de comercialización para reemplazar a estos concesionarios, para lo cual “se considerará el giro del negocio y los precios de los productos”.