Martes 01 de julio del 2008 Sucesos

Casos. En Guayas y Esmeraldas

Milagro
Perdió su pierna por conducir tras haber bebido en una fiesta

Cuando Jaime Ortiz Abad, de 29 años, decidió adquirir una moto, en el 2004, sus amigos y familiares le advirtieron del peligro acerca del uso de este vehículo y bromeando le decían que también se comprara un ataúd porque se iba a matar.

El joven ahora recuerda esos comentarios con tristeza, con el dolor que le significa el haber estado a punto de perder la vida en un accidente de tránsito que sufrió a bordo de su vehículo el 5 de diciembre del 2004.

Jaime señala que el percance ocurrió a las 03:00 de ese día, cuando salió de una celebración en el cantón Naranjito, Guayas, para ir a su casa, en Milagro. “En la fiesta había bebido licor. Mis amigos trataron de convencerme de que no maneje, pero yo necio me salí de la reunión  porque me decía: no, en quince minutos llego a casa”. Sin embargo –según Ortiz– al llegar a una curva en la carretera, cuando iba a exceso de velocidad, invadió el carril contrario y chocó con una camioneta que circulaba por el sector.

Las llantas del vehículo  aplastaron la moto y su pierna izquierda, destrozándole  huesos y ligamentos. A las 18:00 de ese día, en el hospital Luis Vernaza de Guayaquil, le dijeron que había perdido su extremidad.

“Estuve en silla de ruedas por tres meses hasta que me pusieron una prótesis, pero ya no puedo jugar fútbol que era mi pasión”, se lamenta Ortiz.

Simón Bolívar
Isaías Murillo, otra víctima de los percances en motocicleta

Isaías Murillo Andrade, de 31 años, fue otra víctima de los accidentes en moto. Falleció el domingo pasado, a las 21:00, cuando se impactó con el alerón de  un puente sobre el estero El Cóndor, del cantón Simón Bolívar, en Guayas.

Al parecer, la densa oscuridad de la noche y el pésimo estado de la carretera originaron el percance. Las primeras investigaciones indican que las llantas de la motocicleta se habrían deslizado entre el abundante lastre, por lo que Murillo se precipitó y la cabeza se golpeó contra un muro de concreto, para luego caer al estero con múltiples fracturas en el cráneo.

De no ser por el vehículo que quedó suspendido al filo del puente, el cuerpo no habría sido descubierto hasta el siguiente día. “Una persona que cruzaba por el lugar vio la moto, por lo que se acercó a observar lo que había sucedido y se encontró con el cuerpo”, aseguró Prudencio Frutos, un familiar.

El sector es un caserío conocido como Ramada, en donde vivía el occiso, en la vía a la cabecera cantonal de Simón Bolívar. No dejó hijos, pero Murillo, quien se  dedicaba a la agricultura, era el sustento de su familia. Ayudaba a su madre, Vicenta Andrade, y a cuatro hermanos.

“Si el camino fuera alumbrado o estuviera bien lastrado, él no habría muerto”, comentó uno de los vecinos que estuvo presente en el velorio de Murillo.

Esmeraldas
Una abuela hoy lamenta la pérdida de su nieta de 17 años

La foto del portarretrato refleja la imagen de una chica risueña. Con manos temblorosas, Delfina Castillo, toma el cuadro, lo lleva a sus labios y le da un beso. Es su nieta Aura Maribel Castillo Gruezo, de 17 años, quien falleció hace un mes.

Aura se convirtió en una más de las cifras de la Policía de Tránsito de la provincia de Esmeraldas. Las estadísticas señalan un número, pero para Delfina los recuerdos de su nieta no se borrarán nunca de su memoria. En su casa, en el barrio Nueva Esperanza Norte, junto al río Esmeraldas, no deja de pensar en su Cholita, como le decía.

El pasado 25 de mayo salió de su casa, acompañada de su novio, Pedro Moreno, de 22 años, a pasear en moto. Apenas avanzaron tres cuadras cuando el bus, disco 80, de la Cooperativa de Transportes Urbanos Las Palmas, los embistió. Aura resultó herida y después de cuatro días falleció en Guayaquil.

Su novio sigue en grave estado. Él no acepta la realidad de haber perdido a su amor en tan trágico accidente. Siempre pregunta por Aura y sus familiares temen que el daño psicológico que sufrió le marque su vida.

Rosa Tenorio, quien perdió a uno de sus primos en un percance similar, dijo que las motos son un riesgo. “Mi primo estaba en el asiento de atrás y cuando los golpeó un carro cayó de cabeza contra el asfalto y murió”, lamenta la esmeraldeña.

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