Lunes 30 de junio del 2008 El Gran Guayaquil

Un paseo por las antiguas calles llenas de historias, leyendas y personajes

POR JORGE MARTILLO

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El barrio Las Peñas es el conjunto urbano arquitectónico más representativo de principios del siglo pasado que todavía se conserva en la ciudad.

Los cronistas del Guayaquil antiguo narran los inicios de la ciudad que nació en las faldas del cerro Santa Ana. Una ciudad que conserva bajo los actuales adoquines una serie de secretos.

A diario caminamos por esas calles, ignorando que bajo esas baldosas del Guayaquil de hoy duermen nuestras más añosas y memoriosas raíces: historias, leyendas y personajes.

Cuentan los cronistas del Guayaquil antiguo que en sus inicios la ciudad contaba solamente con dos calles. Ambas nacían en las faldas del cerro Santa Ana y partían hacia el sur. Una era Calle Real (actual Rocafuerte) y Calle Nueva (ahora Malecón Simón Bolívar) que orillaba con el río Guayas como ahora el  Malecón 2000.

La leyenda siempre le agrega sazón y misterio a los lugares. En Guayaquil habla del hada del cerro Santa Ana, del naranjo encantado del cerro del Carmen y del fantasma de la Calle Real. Lugares actualmente regenerados y habitados –ignora si también por hadas y fantasmas–.

Después de asaltos e invasiones piráticas, hacia  1628 se levantó el Fortín de piedra para defender a la ciudad. El sitio ahora es conocido como La Planchada, a inicio del turístico barrio Las Peñas.

A corta distancia se levanta la iglesia Santo Domingo, la más antigua de Guayaquil –construida en 1548– conocida como San Vicente, santo que todos los lunes visitan sus feligreses.

Entre la historia y la leyenda. Así es recordado el Gran Puente de Madera, que fue construido en 1709 para unir a Ciudad Vieja y Ciudad Nueva. Tuvo una extensión de 584 metros por 2 de ancho. En su recorrido superaba 5 esteros: Lázaro, Morillo, Campos, Junco y Villamar.
Caminar por él era obligatorio para quienes transitaban por la Guayaquil de  entonces.

Cuenta la leyenda que el gobernador del Guayas, Jerónimo de Boza Solís y Pacheco, construyó el puente para visitar a su amante María Eugenia de la Concepción de tan solo 17 años. Ella vivía en el barrio Boca del Pozo de Ciudad Vieja. Después de 77 años de vida útil, el dichoso puente fue derribado.

Se rellenaron los esteros y nació la extensión de Calle Real (hoy Rocafuerte, principal vía de la Zona Rosa). Hoy libremente enamorados y amantes se encuentran en los bares y discotecas de esa calle legendaria y bohemia. 

Cuando de balneario se trataba, los guayaquileños se refrescaban en el estero Salado. Todo comenzó cuando Vicente Rocafuerte en 1838 ordenó la tala de manglares ubicados donde actualmente está el puente Cinco de Junio. Y aunque hoy parezca mentira esas aguas eran tan limpias que hasta los médicos a sus pacientes que padecían enfermedades de la piel les recetaban dichos baños.

A inicios del siglo anterior, Rodolfo Baquerizo Moreno construyó el recordado parque de entretenimientos American Park, ubicado en la plaza que ahora lleva su nombre y está junto al Malecón del Salado.
Los turistas nacionales y extranjeros que acuden a ver a las iguanas que descienden de los árboles a comer lechuga sobre la calzada del parque Seminario (más conocido como Parque de las Iguanas) ignoran que se inauguró el 24 de julio de 1895.

Guayaquil siempre está cambiando. En ese proceso han desaparecido y cambiado barrios, costumbres y personajes tradicionales.

Así ahora por seguridad, casas y locales comerciales están tras las rejas como en una prisión urbana. Vigilados por cámaras y guardianes provistos desde un tolete hasta armas de grueso calibre. Antes el rondín obligaba a los dueños de casa a cerrar las puertas de los zaguanes.

El tiempo avanza. Guayaquil se transforma sin mirar atrás, como temiendo convertirse en una inmensa estatua de sal.

 

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