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Edición del DOMINGO 29 de Junio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Talleres literarios, Miguel Donoso Pareja
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Texto: Emilio Santoro

Escritor polifacético y prolífico, a  Donoso Pareja  nada ni nadie lo hace faltar a sus talleres literarios, en los que forma a  futuros talentos de la narrativa y poesía nacional

Entrando al pequeño departamento de Miguel Donoso Pareja, en lo primero que me fijé fue en las paredes completamente tapizadas de pinturas, fotos viejas y de retratos suyos, extendiéndose como un gran rompecabezas de colores y figuras. De repente salió del pasillo caminando un  poco lento pero seguro, con la cabeza en alto. Ese día como todos estaba muy conversón y ameno.

“¿Quieres una Coca-Cola?”, me preguntó rompiendo el hielo mientras me sentaba en el mueble  de su sala, escuchándolo hablar sobre su amor al chocolate, mientras se bebía de dos largos tragos dicha bebida, tal como si fuera un niño. Enseguida me sentí cómodo con este señor alto, de barba y pelo blanco, de aspecto aparentemente serio, pero que en realidad no puede ser más lo contrario.

Es que Miguel Donoso Pareja, escritor reconocido y coordinador de los talleres literarios del  Banco Central, a sus ya 77 años no puede quejarse de no haber vivido una vida digna de contar, llena de momentos buenos y malos. Después de estar un año en una prisión militar por razones políticas en el 63 se fue exiliado a México, donde vivió 18 años. Fue allí donde conoció e hizo estrecha amistad con el famoso cuentista Tito Monterroso, quien lo recomendó para reemplazarlo en el primer taller que él coordinó en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). 

“Fue una casualidad. Tito Monterroso era el coordinador del taller literario en la UNAM y él mismo fue el  que  me recomendó para reemplazarlo, yo no tenía ni idea de lo que era un taller literario en ese entonces”.

Cuenta que fue un proceso de eliminación, que fue aprendiendo mientras lo hacía. Él no quería tener un taller como los otros, que actuaban como máquinas para hacer escritores “en serie”, según sus propias palabras. Lo que diferenciaba en esa época a sus talleres de los otros eran tres puntos esenciales: primero, se aseguró de eliminar la crítica del gusto, es  decir impresionista, en la que lo que le gusta al coordinador es lo que se considerado correcto. En vez de decir me gusta o no me gusta, en el taller solo se clasifican los textos como buenos o malos. Segundo, dejar de lado lo que se llama la psicocrítica, para evitar el riesgo de que el taller se convierta en un grupo de terapia colectiva, y tercero, eliminar cualquier tipo de intervención  en la temática e ideología del tallerista.

“A mí no me interesa si un escritor es de derecha o de izquierda”, recalca Donoso Pareja,  “lo que me importa es que escriba bien”.

Su método dio resultados. Llegó a ser supervisor nacional de los Talleres Literarios del INBA (Instituto Nacional de las Bellas Artes) y tuvo bajo su dirección  talleres en catorce ciudades de México, un hecho que es admirable, más aún si se considera que él era un extranjero.

Cuando se le pregunta si alguna vez se sintió como profeta en tierras ajenas, es rápido en aclarar que a cualquier persona le puede ir bien en su tierra o fuera de esta, aunque afirma que “me fue muy bien en México, no lo niego”.

Ni escritor, ni formador, ambos
Las profesiones que ha ejercido Donoso Pareja son varias. Profesor secundario, marinero, periodista, titiritero, editor, crítico literario y de cine, ensayista, antólogo, escritor, y lo relevante, ha hecho de formador de escritores en sus talleres.

Una vez que regresó a Ecuador aplicó y mejoró su metodología. “Seguí aprendiendo”, afirma con entusiasmo, y se repitió el éxito que tuvo en México. Eso es lo que sigue haciendo hasta este día, ayudar a jóvenes prospectos del país a escribir mejor. La forma en la que él elige a sus talleristas es simple: el candidato le manda un texto y si le parece que el aspirante tiene talento lo llama para que se una al taller.

“Por lo general he tenido buen olfato en elegir a chicos con talento, la gran ventaja es que he tenido muy buena intuición en esto”. 

El taller transcurre cada quince días, el de Guayaquil se lleva a cabo en el MAAC y lo dicta él mismo, y los de otras ciudades del país (hay en Quito, Cuenca, Loja, Ambato, por decir algunos) son coordinados por ex talleristas en los que Donoso Pareja vio capacidad como coordinadores también.

Cuando se le pregunta si siente que tiene más vocación como escritor o como formador responde: “Las dos cosas me gustan, porque están muy conectadas”, y explica que un buen coordinador tiene que no solamente ser un escritor activo, sino que también debe ser alguien que sepa de teoría, porque  si no es así  se puede caer en  la trampa de crear seguidores o epígonos.

Donoso Pareja  expresa además que lo más grato de sus más de tres décadas de lo que él llama “aprendizaje compartido” han sido las fuerzas y energía  positiva que le han brindado sus talleristas.

“El contacto con la gente joven te enriquece y te da mucha vitalidad; además, siempre he sido más inclinado a la gente joven y a los niños”.

Este ganador de la prestigiosa Beca Guggenheim (uno de solo dos ecuatorianos en obtenerla) ha hecho una labor incansable para el desarrollo literario del país, apoyando a escritores ecuatorianos de todo tipo, sin discriminación de ninguna clase, dándoles las armas para su oficio de las cuales se servirán en el futuro, asegurándonos literatura orgullosamente nacional de alto calibre para mucho rato.


Martha Chávez
Escritora y traductora.
“El taller no es imprescindible, pero llevado como es debido solo puede hacer bien. El taller no me ha explicado mayor cosa ni me ha dado respuestas a nada, apenas me ha facilitado el ejercicio de una enorme interrogante, y ese es el único bien de un escritor”.

Gilda Holst
Escritora y profesora de Literatura.
“Para mí, la experiencia básica del taller, esto es, integrar un colectivo de lectura y escritura, fue ver mis textos como si fueran de otro. Aprendí a desechar palabras, frases, hasta párrafos enteros, que en primer momento de escritura están muy apegados a uno, todo para lograr la eficacia del cuento en su sentido o varios sentidos propuestos o posibles”.

Luis Medina
Estudiante de Comunicación.
“El taller me ha ayudado sobre todo en la parte artesanal del escribir, a no caer en redundancias. Él nos deja escribir sobre cualquier cosa, con tal de que esté escrito bien”.


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