Sigo pensando que podemos ser mucho más exigentes en un lugar de comida típica que frente a una receta de alta cocina internacional. En nuestras casas preparan los cebiches, las empanadas, la carne asada, los bolones, churrascos y llapingachos.
Un amigo mío, citando a una guayaquileña particularmente talentosa frente a las hornillas, decía: “En Guayaquil se come mejor en casa que en los restaurantes. En Quito se come mejor en los restaurantes que en casa”. La frasecita es polémica pues he compartido en hogares capitalinos cenas de antología. Lo cierto es que nada se puede comparar con una buena comida casera. Donde Epicuro, Mary Salomé Vaca prepara desde hace 36 años cebiches, muchines, empanadas, tortas de maduro o de camote, guatita, humitas, llapingachos, bolones, hayacas, caldo de pata, todo mejor que en cualquier otra parte.
No faltan buenos sitios de comida nacional en Guayaquil. Lo Nuestro quiso convertirse en un lugar de mayor presentación o ubicación. Se inauguró en Víctor E. Estrada e Higueras bajo la sabia dirección de Alberto Areco, recibió la visita de muchos personajes importantes, siendo uno de los primeros el presidente Samper. En aquel entonces oficiaban en la cocina Alfredo Castro y Reinaldo España, formados, respectivamente, en La Balandra y la Trattoría de Enrico. Recuerdo haber probado manos de cangrejos encocadas y al ajillo. La carta ha conservado muchos de los platos servidos en aquel entonces.
En Samborondón el local es agradable, tiene una terraza para quienes quieren comer al aire libre en vez de compartir la climatización. Es fácil estacionar, pues el centro comercial Bocca ofrece muchos puestos. La gastronomía ecuatoriana es particularmente sabrosa y variada. Nos permite coquetear con platos de la Sierra y de la Costa, especialidades manabitas o esmeraldeñas.
De repente se opera una fusión, nace un plato muy apreciado como es el nido de maduro, en realidad una alianza lograda entre el verde, coco, cangrejo, maduro ($ 7,50).
Me gustó la corvina servida sobre puré ligero de papas algo gratinadas ($ 11,50). También el filete con champiñones ($ 9,90), demasiado cocido para mi gusto, que escogió mi acompañante. Visité la cocina, limpia, ordenada, los baños sin mayor lujo pero de aspecto pulcro.
El locro de papa, plato simple sin ciencia pero muy sabroso, nos permitió entrar en apetito después de beber un pisco sour. Tomamos un Cadus 2000 de color rojo muy oscuro, sumamente expresivo en la nariz con un lujo de frutas negras muy persistentes, un ataque suave, un final interminable, algo espectacular.
A la hora del postre probamos el dulce de tres leches ($ 3,50) y un flan de coco ($ 3,50) perfectamente logrado, de textura sedosa, gusto intenso. En otra oportunidad probaremos la torta mojada de chocolate, el dulce de barquillos. Noté que muy pocas mesas escogían vino, optando más bien por la cerveza (buena elección) o la gaseosa (pésimo maridaje). Recomiendo a los camareros preguntar a sus clientes el término de cocción que desean para su carne, proponer agua con o sin gas, detalles importantes que pasaron por alto.
Mi planilla para dos personas ascendió a $ 46,10 más IVA. El vino salió de la bodega personal de Epicuro.
Lo mejor de Lo Nuestro: c.c. Bocca, vía a Samborondón. Telf.: 209-7771.