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Toby y su democracia |
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Javier Ponce contó alguna vez que el Buró Político de Alianza PAIS existe desde hace varios años, cuando era un grupo de amigos que soñaba con llegar al poder. Como no reunían chicas, comenzaron a llamarse ellos mismos, en son de broma, “el club de Toby”.
De repente, el descontento popular contra la vieja partidocracia se volvió un potro desbocado, y los “tobistas” tuvieron la inteligencia de subirse a su grupa. Miles y miles de simpatizantes comenzaron a rodearlos y les dieron su voto. Pero el Club de Toby no cambió. Modificó su nombre por el de Buró Político, integrando a algunos miembros nuevos por cooptación. Pero en esencia siguieron siendo los mismos.
Un partido político democrático comienza proponiendo unos principios, un programa y unos estatutos que deben plasmarse en documentos escritos para que todos los conozcan. En Alianza PAIS, esos documentos no existen. Nadie sabe qué es el socialismo del siglo XXI, la ideología oficial del movimiento, y mucho menos sus propuestas para los problemas del país. De ese modo caben en su seno los más disímiles personajes. Supuestamente eso es muy “democrático”, porque entonces cada cual puede decir lo que le parezca. Pero no es así, porque al no haber claridad, quien termina resolviéndolo todo es el Buró. Los principios y el programa pasan a depender de las encuestas, y las normas estatutarias las determina, en cada ocasión, el dueño del Club.
Un partido político democrático continúa luego con un proceso muy riguroso para seleccionar a sus dirigentes y candidatos. Cada nombre debe ser sometido al escrutinio de las bases para estar seguros de que son los mejores y los más entregados a la causa, y no los que más dinero pusieron en la campaña. En Alianza PAIS no se les consultó a las bases ni siquiera la destitución de su segundo dirigente más importante, Alberto Acosta. Como no hay estatutos, se siguió el procedimiento que impuso la fracción correísta. Harán lo mismo en las próximas elecciones, relegando a los criticones a un segundo plano.
Un partido democrático cuenta, asimismo, con organismos que se reúnen permanentemente para que las bases conozcan y ratifiquen las decisiones importantes. Cada cierto tiempo se realizan congresos para actualizar la línea política y renovar a los dirigentes. En Alianza PAIS no saben qué es un congreso partidista. A los militantes solo los reúnen para que reciban instrucciones y peguen afiches. Se enteran de las directivas solo cuando aparecen plasmadas en cuñas comerciales que cuestan una fortuna.
Un partido democrático, por último, jamás hace alarde de su “unidad monolítica” por la sencilla razón de que un monolito es un monumento de piedra de una sola pieza, y de lo que se trata más bien es de contrastar opiniones distintas para que a través del debate se alcance la verdad.
En Alianza PAIS, en cambio, juraron y requetejuraron que no existían discrepancias. “Soy el primer acostista”, alardeó el Presidente; “eres mi gran amigo”, le respondió Acosta. Ahora, entre los dos, están llevando su supuesta unidad a los quintos infiernos. Es el destino inexorable de los partidos antidemocráticos.
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| Piedad Villavicencio Bellolio |
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