Domingo 29 de junio del 2008 | 12:55 Deportes

No videntes ecuatorianos rompen las tinieblas

AFP | IBARRA

Con los ojos cubiertos para evitar suspicacias, los jugadores ecuatorianos ciegos, con almohadillas como casco de protección, corren tras el balón con cascabel evocando a Michael Ballack o Cristiano Ronaldo, estrellas de la Eurocopa 2008.

Por momentos el fútbol sala de los III Juegos Deportivos de Ecuador para Discapacitados Visuales se convierte en una especie de lucha cuerpo a cuerpo cuando todos los jugadores se arremolinan alrededor de la pelota, que "desaparece" cuando se queda quieta.

La situación se pone difícil para Miguel Angel Barré, el 11 goleador del equipo de la ciudad costera de Portoviejo (suroeste), sobre todo cuando el griterío de la hinchada impide captar las instrucciones del 'profe', quien desde una banda de la cancha pretende ubicarlo.

"Así vivimos nuestra fiesta deportiva, rompiendo las tinieblas y el miedo", expresa el presidente de la Federación de Ciegos, Luis Narváez.

Las competiciones convocaron a unos 220 deportistas de 17 de las 24 provincias ecuatorianas, quienes forman parte de las 1.800 personas con ceguera parcial y total que integran la entidad nacional.

"Pero esas cifras son ínfimas. En Ecuador las autoridades registraron que en 2005 había 363.000 personas con problemas de ceguera del total de 1,6 millones de afectados con algún tipo de discapacidad", señala Narváez, ciego desde los cuatro años.

Citando datos del estatal Consejo Nacional de Discapacidades, el dirigente apunta que un 12,5% de la población ecuatoriana sufre alguna discapacidad, de la cual 530.000 personas presentan problemas físicos, 470.000 afectaciones mentales y otras 200.000 daños auditivos.

Narváez parecería que no se inmuta con el bullicio y más aún cuando el 'profe' lanza un fuerte grito casi en su oído: "Eli, está a tu derecha, ven, pégale".

José Eliseo Loor, jugador del Portoviejo quien sobrevive con 35 dólares semanales, deja de dar giros desorbitantes y apunta hacia el balón con tal ímpetu que en el camino choca contra un rival como dos locomotoras sin frenos.

La acción provoca una pausa para que el técnico ahora haga de kinesiólogo y frote algo de ungüento para espantar el dolor de su pupilo en medio de murmullos de la gente preguntando qué pasó, a quién fue...

"Desarrollamos otras capacidades como la audición, por eso dicen que los ciegos tenemos oído fino", señala a su vez Byron Castro, coordinador de los Juegos y quien agrega que los ciegos también participan en planes de inserción laboral.

"También sufrimos por la desocupación. Por eso los preparamos para actividades como recepcionistas, digitadores y masajistas. Los que tienen algún grado de visión pueden desempeñar labores de limpieza, mensajería", apunta Narváez, licenciado en educación especial.

En la cancha, el árbitro de la final cambia de antifaz a uno de los ciegos contra quien el público pifió porque amaga, "está viendo". "Es que hay algunos que si ven, borroso, pero ven".

Cuando el partido (de dos tiempos de 20 minutos) se saldaba con empate 0-0 y se debía definir por penales, José Ferrín convirtió para conseguir el título para el elenco de los 'chupa mangos', como se denomina a los habitantes de Portoviejo.

Un prolongado pitazo desata la fiesta de los portovejenses. El futbolista Hugo Cedeño de arrodilla y exclama "gracias diosito, gracias", mientras que Ferrín declara a la prensa "no me esperaba marcar el gol, ¡viva Portoviejo!".

Haciendo una columna encabezada por el arquero (con un 50% de visibilidad) y el resto tomándose de los hombros, los campeones cumplen con la vuelta olímpica y, dirigiéndose a los contrarios que los acusaron de "mañosos", corean "caracol, caracol, caracol, ustedes quisieron su gol".

"El próximo año nos volveremos 'a ver' para la revancha", replica César Gonoluiza, ariete del Luis Braille.

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