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Escuelas argelinas luchan por las mentes de jóvenes

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Escuelas islámicas argelinas han hecho que los jóvenes sean más religiosos que sus padres. Su plan de estudios está cambiando para restarles fuerza a los islámicos y luchar contra el terrorismo.
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Junio 29, 2008

Por MICHAEL SLACKMAN | ARGEL

Primero, los profesores de Abdel Malek Outas le enseñaron a escribir ecuaciones matemáticas en árabe y a acoger al islam y al mundo árabe. Más tarde, le dijeron que escribiera con el alfabeto latino, que ya no es considerado antipatriótico, y abriera su mente al Occidente. Malek tiene 19 años y se siente confundido.

“Cuando estábamos en secundaria, sólo estudiábamos en árabe”, dijo. “Cuando llegamos a la prepa, cambiaron el programa y hay muchas cosas en francés. A veces, no entendemos siquiera lo que escribimos”.

En un contexto de resurgimiento religioso generalizado en el mundo musulmán, fuerzas antagónicas compiten por conquistar a la juventud argelina. Esta contienda se enfoca en las escuelas, donde los islamistas controlaron durante décadas lo que los niños aprendían y cómo lo aprendían, de acuerdo con funcionarios y expertos en educación del país.

Ahora, el Gobierno busca reinventar la identidad argelina a marchas forzadas y modifica el plan de estudios para restarles fuerza a los islámicos, darle a su juventud habilidades más útiles en el mercado laboral y luchar contra el terrorismo que, teme, ha sido involuntariamente fomentado por las escuelas.

Se trata aparentemente de la iniciativa más ambiciosa que se haya emprendido en la región para modificar un sistema escolar y volver a sus alumnos menos vulnerables al extremismo religioso. Sin embargo, numerosos educadores se muestran reacios a los cambios y muchos jóvenes decepcionados abandonan las aulas.

Se viven días de tensión en Argel, donde las calles están llenas de policías y los retenes de seguridad muestran señales de temor de que Argelia enfrente un resurgimiento del terrorismo islámico. Entre 1991 y 2002, hasta 200.000 argelinos perecieron en combates entre fuerzas gubernamentales y terroristas islámicos.

Existe la sensación de que Argelia aún puede optar por uno u otro lado. Los jóvenes capitalinos extremadamente devotos llenan las mezquitas para las oraciones diarias e insisten en tener un lugar para rezar en sus escuelas. El wahhabismo, la forma de islam más estricta procedente de Arabia Saudita, se ha convertido en el estándard para la juventud.

Y sin embargo, los jóvenes de Argel lucen mucho más liberales a nivel social que sus semejantes en lugares como Egipto y Jordania. Jovencitas con velo islámico caminan de la mano, o se sientan pierna contra pierna, con jovencitos. En la mayoría de los países musulmanes, semejantes muestras de flirteo público son inconcebibles.

Las dos naturalezas del país reflejan la forma en que la identidad argelina se vio partida en 2 por 132 años de poder colonial francés y, más tarde, por la independencia y arabización forzada. Tras la partida de los franceses, en 1962, los argelinos forjaron una identidad nacional liberada de toda influencia occidental.

Las escuelas fueron uno de los núcleos de esa voluntad. Se prohibió el francés como idioma de enseñanza y fue sustituido por el árabe. La ley islámica y el Corán se volvieron estudio obligatorio y se limitó la enseñanza de las matemáticas y las ciencias. Se les advirtió a los alumnos que los pecadores terminan en el infierno y se les enseñó a niños de 6 años a lavar debidamente un cadáver para un sepelio, de acuerdo con funcionarios de educación. Sin embargo, este año, el Gobierno lleva a cabo cambios sustanciales.

Las escuelas pasan del aprendizaje basado en la repetición —siempre vinculado con la memorización del Corán— al pensamiento crítico, en el que los docentes les piden a sus alumnos que investiguen temas y piensen en conceptos.

Sin embargo, estudiantes y profesores aún están poco preparados, poco capacitados y, en numerosos casos, son poco receptivos.

Hassinah Bou Bekeur, de 26 años, disfruta viendo la televisión saudita por satélite y las noticias en árabe, algo que hace con su madre y 4 hermanas menores en su casa. Sin embargo, su padre, Nasreddin, de 60 años, se queda en otra habitación para poder ver programas en francés, idioma en el que fue educado.

Hassinah utiliza velo desde los 20 años de edad. Simboliza la distancia entre padre e hijos. Cuando Nasreddin estudió el Corán, el islam no constituía la piedra angular de su identidad. Indica que tomó incluso alcohol —prohibido por el islam— hasta 1986.

La brecha generacional no resulta exclusivamente de la escolaridad, pero la historia del sistema educativo argelino ayuda a explicar la distancia que existe entre padres e hijos.

Empieza con la ocupación y escuelas creadas para preparar a las personas para un sistema dirigido por franceses. En 1971, el proyecto de arabización inició seriamente.

Sin embargo, el número de docentes calificados para enseñar en árabe no era suficiente y Argelia recurrió a egipcios, iraquíes y sirios —sin percatarse de que muchos de esos profesores tenían opiniones religiosas extremas y ayudaron a plantar las semillas del radicalismo que florecería más tarde en un sistema escolar donde arabización e islamización se volvieron intercambiables. En la casa de los Bou Bekeur, eso redundó en hijos mucho más religiosos.

“Aprendí en la escuela la base de la religión”, expresó Abdel Rahman, hijo de 25 años de los Bou Bekeur.

“Rezamos más que ellos y conocemos mejor la religión”, indicó sobre la generación de sus padres.

Su padre es un hombre discreto en una familia con integrantes muy resueltos. Le resulta difícil ayudarlos con su tarea, porque su árabe es malo. Y se declara preocupado por el futuro de sus hijos y de su país: “Ahora, están en una encrucijada.

O se acercan a Occidente o se quedan con esto y se vuelven extremistas”.


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