Había salido al baño y, justo el presidente de la Asamblea, Fernando Cordero (PAIS), le concedió la palabra a Rafael Esteves (antes SP). Al regresar reclamó. “Hace una hora que pedí la palabra y no me la concedieron”. Cordero respondió: “Usted no estaba, pero ahora puede hacerlo. Por favor, no gaste sus minutos”.
Exaltado, el asambleísta exclamó, mientras se arrancaba de los labios los esparadrapos que se colocó el miércoles: “Ya no sirven las mordazas. Ahora me voy a coser la boca”. Y de su saco sacó una agujeta y alcanzó a darse una puntada.
Unos asambleístas y la Policía intentaron detenerlo. Luego llegó una enfermera y su hija.
Con ellos salió y pedía que le devolvieran su aguja. En el parqueadero, Esteves recibió una llamada del presidente Cordero. “No quiero oír.
Usted está ilegalmente ahí. El presidente se llama Alberto Acosta.
Consígase un reglamento y buenos asesores”. Y le colgó.
Esteves se encerró en su vehículo y se dio dos puntadas. Luego salió para mostrar los hilos que pendían de sus labios.
A los pocos minutos, llegó Alberto Acosta para tranquilizarao. “Déjenlo pasar, que él sí es mi amigo”, exclamó Esteves.
“Rafael, tranquilízate”, dijo Acosta. Le dio un abrazo y, luego se subieron al vehículo de los pastores evangélicos que habían llegado para rechazar la propuesta que reconoce por ley las uniones homosexuales.
Luego de veinte minutos, los dos regresaron al pleno. Esteves lucía más tranquilo, pero antes de salir al almuerzo, Acosta pasó por su curul para cerciorarse que estaba mejor.
Tras las cuatro horas de receso el asambleísta ya se había calmado cuando leyó en
www.ecuadorinmediato.com que no se había cosido la boca. Entonces volvió a darse más puntadas ante la mirada angustiada de su hija. En solidaridad, Andrés Pavón (Prian) también se cosió la boca.
Cuando concluyó el receso, Esteves se acercó a Cordero para darle la mano.