La inversión el agricultor la amortiza en una cosecha y provee valor agregado a sus granos.
El libro Silos metálicos y alimentos seguros, presentado esta semana en Quito por su autor, Juan Bravo, recoge la experiencia de un exitoso programa regional de reducción de pérdidas poscosecha de granos básicos, ejecutado en América Central.
Un agricultor que cosecha 50 quintales de maíz, luego de dos meses con el sistema tradicional de almacenamiento pierde el 20% de grano.
Al utilizar el silo familiar, de un costo que no supera los $ 80, evita esto y ganaría más dinero por el diferencial de precios entre la cosecha y la venta del mismo con una humedad ideal.
Bravo calcula que con los costos actuales del maíz y el ahorro obtenido, el silo se lo paga en una cosecha y el pequeño y mediano agricultor alcanzan a almacenar de 1 a 30 quintales de maíz, fréjol, arroz en cáscara o pilado, semillas, balanceados y otros granos, siempre y cuando se introduzcan al tarro el grano con una humedad menor al 12%. Por ello recomienda secarlo previamente por tres días a ocho horas/día efectivas de sol.
El montaje total del silo consta de doce pasos sencillos que se explican en el libro gráficamente: manejo, ubicación, hermetización, vaciado del silo y mantenimiento.
Todos los silos deben colocarse sobre una tarima, protegidos del sol y la lluvia. Su aplicación en Ecuador tiene un vasto potencial en la Sierra o la Costa al dotar al agricultor de una capacidad instalada de almacenamiento en manos de los pequeños y medianos productores de granos básicos y reduciría el costo de manejo del grano, riesgo de daños y pérdidas causadas por hongos, insectos y roedores, así como precios de transporte. En cuatro países de Centroamérica a la fecha funcionan más de 320 mil silos de 18 quintales, (80 mil hectáreas de maíz) y se fabrican en talleres descentralizados.