viernes 27 de junio del 2008 Columnistas

Se busca…

A estas alturas difícilmente creo que alguien pueda sostener seriamente que el Ecuador haya cambiado con la revolución ciudadana; han cambiado los dueños del Ecuador, eso sí.

No se han mejorado las carreteras, ni la infraestructura de salud, ni de educación; se ha desacelerado el crecimiento de la economía, se han disparado los precios de la canasta básica, hay más desempleo, más inseguridad jurídica que nunca, mayor violencia e inseguridad ciudadana, la inversión extranjera amenazada y la nacional incluso huyendo al Perú.

En lo político-jurídico, los pocos rezagos de democracia que le quedaban al Ecuador terminaron con la posesión de una Asamblea Constituyente de plenos poderes, la consiguiente disolución del Congreso, la destitución de funcionarios de importantes organismos de control y su reemplazo a dedazo limpio.

Capítulo aparte merece la aparente sumisión de la suprema corte, olvidando su misión de actuar en derecho, moviendo la cintura, seguramente para aferrarse hasta cuando se pueda de las prebendas inmerecidas de origen como consecuencia de un proceso inconstitucional de selección orquestado por los mismos de siempre, al punto de exponerse al vejamen del que fueron objeto cuando asistieron a la Asamblea Constituyente… ¿como para pedir clemencia?

¡Y pensar que en otros países la Corte Suprema es la protectora en última instancia del constitucionalismo y del estado de derecho…!

Ah, me olvidaba del Tribunal Constitucional; es que realmente para mí dejó de existir cuando a pesar de ser el organismo guardián de la constitucionalidad ecuatoriana, se suicidó hace unas pocas semanas resolviendo que ¡los poderes de la Asamblea Nacional Constituyente están por encima de la Constitución…!

Entonces, con este maravilloso escenario de patria, en el que salvo un “Quijote” guayaquileño que sobrevive por sus obras y ejecutorias, la clase política tradicional está liquidada, se busca urgentemente nuevos políticos serios.

Porque la política no es aquel oficio en el que los chiros se hacen ricos y los desconocidos famosos.

No, la política no es llegar a un cargo público para acomodar a sus panas y familiares o para a través de terceros, seguir trabajando y facturando,  abusando del poder circunstancial.

La política es el oficio del buen servicio público.

El político es aquel que decide, a nombre de las mayorías.

Y toda sociedad que pretenda progresar necesita una clase política capaz y comprometida, en lo básico por lo menos, con los grandes intereses nacionales.

Usted amigo lector, sí usted, el empresario, el economista, el académico, el abogado, el arquitecto, el médico… que tanto se queja del caos en el que vivimos… Deje de quejarse y haga algo… ¿No se da cuenta de que sus hijos le van a pedir una explicación algún día?

No se da cuenta que cuando conversen con usted sobre nuestra triste historia, le van a preguntar… ¿Y tú papá, qué hiciste para evitarlo?

Necesitamos una nueva clase política, seria, sin odios ni revanchas, psíquicamente equilibrada, con estructuras partidarias democráticas.

Recuerde la parábola de los talentos… Si este país le ha dado educación, trabajo, salud y estabilidad económica, ¿qué ha hecho con ello?

¿Qué puede hacer usted por el Ecuador? ¿Solo trabajar y quejarse? ¿Tan poco? ¿Cuál es su compromiso con el futuro de sus hijos?
Piénselo. Sin usted no hay cambio. El Ecuador lo necesita… en las próximas elecciones.
Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.