CISJORDANIA |
En el corazón de una ciudad de 160.000 habitantes palestinos, Israel mantiene un asentamiento judío con 800 personas. A fin de protegerlas, el ejército israelí ya estableció un masivo sistema de puestos de guardias, retenes y bloqueos carreteros desde el 2001.
En últimas fechas, los viajes a través de la Ribera Occidental y la Franja de Gaza transmiten un aire similar al de un recorrido por colonias israelíes.
Se pasa a toda velocidad alrededor de la Margen Occidental en nuevas carreteras que, en algunos casos, se reservan para vehículos israelíes, viendo por un instante vehículos palestinos formados en retenes.
No hay otro lugar en el cual el sistema de seguridad que Israel ha establecido, de manera constante, sea más aplastante que aquí en Hebrón, la mayor ciudad de la porción sur de Cisjordania. En el corazón de una ciudad de 160.000 habitantes palestinos, Israel mantiene un asentamiento judío con 800 personas. A fin de protegerlas, el ejército israelí ya estableció un masivo sistema de puestos de guardias, retenes y bloqueos carreteros desde el 2001.
Más de 1.800 tiendas y establecimientos palestinos cerraron sus puertas, y en algunos casos estas fueron soldadas, al tiempo de que varios miles de personas han sido expulsadas de sus hogares. Lo que otrora era un floreciente mercado del oro, actualmente está obstruido por alambrada de púas y se sofoca bajo las hierbas y la basura.
“Durante varios años, Israel ha reprimido severamente a los palestinos que viven en el centro de la ciudad”, nota B'Tselem, el grupo israelí por los derechos humanos, en un informe reciente. Las autoridades, agrega, “han expropiado el centro de la ciudad a sus residentes palestinos, ocasionando la destrucción de su economía”.
Rima Abu Aisha, ama de casa en Hebrón, tiene la mala fortuna de vivir en un área cercana a los colonos. Cuando ella entró en trabajo de parto una ambulancia no pudo obtener a tiempo los permisos necesarios y su bebé murió, dijo.
Incluso si el asentamiento en Hebrón no fuera ilegal ante los ojos de buena parte del mundo, es totalmente impráctico. El costo financiero es impactante, y el diplomático incluso mayor.
Quizá el mayor costo de todos se pague en la esperanza de algún arreglo pacífico: las barreras y retenes han socavado a los palestinos moderados, como el presidente Mahmoud Abbas, dándole poder a Hamas. Las encuestas muestran que dos tercios de los palestinos aprueban los ataques terroristas en contra de civiles en Israel, lo cual es un aumento respecto del 40% registrado en el 2005.
Los palestinos también están cometiendo un suicidio nacional. Al recurrir a los fervientes integristas de Hamas y a la breve emoción de lanzar cohetes al interior de Israel, ellos están creando una lápida para su Estado antes que siquiera haya nacido.
Los estadounidenses que no han recorrido la Margen Occidental o Gaza en últimas fechas pudieran no apreciar cómo el nuevo régimen de seguridad de los últimos años está sofocando, empobreciendo y generando antagonismo de los palestinos.
En el poblado de Ein Bani Salim, un agricultor de nombre Califa Danna, señaló hacia su campo, separado de su casa por una valla de alambrada de púas, la misma que Israel erigió en el 2004. Desde esos días, él ha sido incapaz de llegar a los campos. Danna muestra las imágenes que tomó de colonos israelíes en su tierra; usándola incluso para arrojarle piedras a él.
B'Tselem está distribuyendo videocámaras entre palestinos para que documenten los ataques y abusos que sufren. Apenas este mes, una mujer palestina usó una cámara cerca de Hebrón para grabar a un grupo de cuatro colonos golpeando con palos a su propia familia, en un campo; dos colonos fueron detenidos más tarde.
Los colonos ven el tema bajo una luz muy diferente, haciendo énfasis en los persistentes ataques de palestinos en su contra, notando al mismo tiempo que las medidas de seguridad fueron aplicadas solamente en reacción al terrorismo palestino durante la segunda insurrección o intifada, hace ya seis años.
“Si hay personas intentando activamente eliminarte tanto a ti como a tu pueblo, entonces tienes que aplicar medidas de seguridad”, indicó David Wilder, uno de los portavoces de los colonos en Hebrón. “Si eso genera su antagonismo, ellos deberían dejar de intentar matarnos”.
Así que la brecha se vuelve más grande y la paz más distante.
Es aquí, en los territorios palestinos, que se ve el peor lado de Israel: colonos judíos robando tierra de palestinos (casi un tercio de la tierra de colonos pertenece, de hecho, a individuos palestinos); las mujeres palestinas que dan a luz en retenes debido a que los soldados israelíes no les permitieron cruzar (cuatro casos documentados el año pasado); el desvío del agua de los mismos palestinos. (Los israelíes reciben casi cinco veces más agua por persona que los palestinos).
No obstante, es también aquí donde se puede ver el mejor lado de Israel. Grupos israelíes por los derechos humanos defienden incansablemente a palestinos. Mujeres israelíes se ofrecen como voluntarias para trabajar en retenes y así ayudar a palestinos en su cruce. Los tribunales israelíes periódicamente fallan a favor de palestinos. Académicos israelíes han publicado investigación que socava las propias mitologías de su nación. Muchos periodistas israelíes han sido ecuánimes hacia los palestinos, de una forma que periodistas árabes muy rara vez han reciprocado.
Considerando todo, las acusaciones más persuasivas de acciones israelíes provienen de los mismos israelíes. Esta escrupulosa honestidad y equidad hacia los enemigos históricos de Israel es un triunfo de la humanidad.
En pocas palabras, hay muchos israelíes. Cuando los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos compitan este año por ser “pro israelíes”, esperemos que aclaren que no apoyan al opresor que permite a los colonos robar tierra y apalear mujeres, sino a quien sea un parangón de justicia, decencia, equidad ... y paz.
© The New York Times News Service.