jueves 26 de junio del 2008 Columnistas

El otro yo de Jorge Barraza

Siempre fui nulo para el fútbol. Mis compañeros de colegio (en aquellos lejanos tiempos en que todavía hacía el intento de jugar) me ponían en la defensa con la secreta esperanza de que los incomodase menos. Fui solo dos veces en mi vida al estadio a ver jugar a mi equipo, Barcelona (en 1964, creo, y en 1988). Las dos veces perdió.

Pero me encanta el fútbol como analogía de la política, seguramente porque se me hace más fácil comprender a los que nos gobiernan. No creo que le llegue a los tobillos a Barraza, pero allí les va mi último intento de analizar el juego de patadas de los poderosos.

Alianza PAIS y Rafael Correa se acaban de meter dos o tres autogoles seguidos, que les costaron una caída impresionante en las encuestas. Si el partido de la campaña por el referéndum concluyese hoy, el Sí perdería.

Digo autogoles de Correa y su gente porque se los metieron ellos mismos, con eso de incluir el cuy en el Escudo y el clítoris en la Constitución. Se olvidaron de que el pueblo ecuatoriano es así, sencillo; por eso todavía aguanta que los presidentes se burlen e insulten a los ciudadanos; pero no le gusta que se metan con sus símbolos.

Digo que son autogoles, también, porque Correa es proclive a cometerlos, faltándole el respeto a Tania Tinoco, gritándole “idiota” a un emigrante o mofándose en público de su propia gente.

Dicho todo esto, hay que advertir que el partido todavía no termina, así que no podemos proclamar ganadores o perdedores, porque resulta que Correa ahora recuperó la pelota. El resto del encuentro jugará en su cancha preferida, la de una campaña electoral. Y un amigo futbolero me explicó una vez que el que más tiempo conserva la pelota, más posibilidades tiene de golear.

La pregunta ahora es con qué estrategia jugará Correa. Porque todo lo demás lo tiene de su lado: 1. El equipo contrario de la oposición no existe o se fue al mástil transversal de los veleros; 2. El árbitro está parcializado; 3. El público ya casi no cree en el equipo de Alianza PAIS, pero el capitán-presidente aún conserva  su carisma. 4. Dispone de recursos materiales a montones, los que le aporta el Estado y los diezmos “voluntarios” que recogen sus amigos.

Es difícil perder así. Pero una mala estrategia podría ser fatal. No será sencillo evitar, por ejemplo, que se amplíe la pugna interna de Alianza PAIS.

Además, Correa estuvo tan acorralado en los últimos meses que quizás debería resignarse a un triunfo menos ostentoso. Pero aceptar una Constitución que no legalice sus plenos poderes  como que va contra su propia naturaleza.

Por último, el público está descontento porque los precios de las entradas, de las colas, del canguil y de todo no dejan de subir. Y con la barra en contra, en política es imposible ganar.

Así que no se adelanten. Ni el Barraza verdadero podría saber quién ganará. Los gurús de derecha dirán que la muerte de Correa es inminente. Los de izquierda se agruparán más que nunca bajo la bandera de la Revolución Ciudadana.

Mientras tanto, el reloj seguirá su marcha, y todo dependerá de la serenidad de Correa para no volver a meter un autogol más.
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