El sábado se montó la obra Maravillosa, con Federica Folco (Uruguay) y Josie Cáceres (Ecuador). Fragmentos de junio continúa hoy.
Es gratificante asistir a una representación escénica y advertir cómo sus fabuladores estiman el rol actuante del espectador. Cuando, el juego de ambas partes va diluyendo las convencionales fronteras de emisor y receptor generando una complicidad tensional y conflictiva convocante.
Y es que, al asumir la creación y el análisis dancístico, uno y otro tienen que operar desde la llevada y traída “verdad”. Verdad, en tanto instancia resolutiva de conflictos, de lenguajes, de formas y modos de presentación, más allá de la técnica corporal y el poder autotélico del movimiento. Por estos y otros transita Maravillosa, propuesta a cargo del dueto danzado por la uruguaya Federica Folco y la ecuatoriana Josie Cáceres, dentro del encuentro Fragmentos de Junio.
Maravillosa, se gesta en CoLaboratorio, espacio de investigación y creación realizado por Panorama de Danza, en Brasil. Ni Federica ni Josie se conocían al llegar al taller, venían ellas de contextos distintos y realidades muy específicas.
Entonces la pieza se va tejiendo desde la diferencia y la autonomía para encontrar puntos conectivos, asociaciones y visiones similares.
La pieza nos permite penetrar en su estructura gracias a la clarificación de sus dispositivos, adaptadores, reguladores e ilustradores. Recorren las intérpretes una trayectoria espacial y corporal vectorizada por la situacionalidad de una fábula aparentemente lineal y recta. Pero, la escritura coreográfica va emergiendo orgánicamente a partir de una certera corporalidad parlante: emisión de textos, gestualidad icónica, movimientos directos, situaciones espaciales precisas, referencialidad pertinente, manipulación de la temporalidad y del propio cuerpo y del vestuario cotidiano, etcétera.
Maravillosa cuestiona con delicado humor el valor del movimiento, su autenticidad, su novedad; al tiempo que enfrenta las instancias cuerpo y mente. Debaten las danzantes acerca de la jerarquía de estas instancias y de sus lugares en la construcción de la Danza.
De manera, digámosle homeopática, recurren al movimiento mismo y a la propia idea que, como muro de contención, como friso burlad, inquieren propositivamente en los niveles y planos, en las zonas de énfasis y en los detonadores de la acción escénica.
Suerte de reality show coreográfico, en la medida que entran y salen de la partitura, en la medida que la articulan y trabajan el imprevisto y, sobre todo, por la manipulación de la atención del espectador.
Hay en la propuesta un resquebrajamiento lícito de la solemnidad.
Manejan Folco y Cáceres el ilusorio juego de encarnar la representación con presteza y eficacia espectacular. Pieza de cámara que logra redimensionar los riesgos de la investigación particularizada, volviéndola interés de todos; del que esculpe con su cuerpo sobre el espacio y de aquel lector-espectador que somete su cuerpo y su mente al engañoso juego. De haber tenido mayor tiempo para el ensayo, apostaría aún más por estos cuerpos parlantes y sus maravillas.