martes 24 de junio del 2008 Columnistas

Nación pasmada

Ecuador Televisión, el canal público, presentó días atrás un ciclo llamado ‘¿Quién debe a quién?’. La importante iniciativa de Xavier Lasso debería suscitar el interés y el compromiso de todos. Se trata de promover un proceso de interrogación y eventual impugnación de la deuda externa mediante el análisis y la exhibición de excelente cine documental latinoamericano. Aparentemente la deuda es impugnable y reversible por una variedad de razones éticas, sociales, históricas, legales y económicas incluso. En realidad, nuestros “acreedores” resultarían ser más bien nuestros deudores. La empresa podría ser causa regional y nacional a condición de que exista, en cada país, una política de Estado decidida que se apoye en un verdadero proyecto nacional. Requiriendo Estado comprometido y nación consolidada, debemos preguntarnos si los hay; de que hay Estado no cabe duda, pero hay que ver si está comprometido, pero en tanto nación…

El Ecuador es una nación fallida, que se pasmó desde el origen. Nación en ciernes, atascada en la definición de “plurinacionalidad”, desgastada por la proliferación de ministerios y secretarías nacionales, ocupada en la defensa de autonomías, dividida en nuevas regiones y hasta sorprendida por la reciente multiplicación de géneros. Nación contingente, que dura lo que una marcha de Jefferson, un partido con Argentina o una guerra con Perú: entre 90 minutos y 90 días. No tenemos proyecto nacional; a cambio se nos ofrece un nuevo organigrama del Estado, sostenido con canciones, propaganda y abundante retórica. No se hace nación inyectándole esteroides al Estado. Aunque articulados, son conceptos diferentes. Tampoco sirve el remedio iconográfico: sustituir símbolos e imágenes. Ni la repetición ad nauseam de estribillos y nuevos arreglos musicales para tonadas patrióticas que cantábamos en la escuela. Se trata de inventar una propuesta que interese, convenga, convoque e incluya a todos, no de sostener un discurso que divida, polarice y enfrente a la nación embrionaria.

Todo parece indicar que el presidente Rafael Correa lamentablemente no conducirá un proyecto de nación, aunque mantenga las posibilidades de lograrlo; la última e intrascendente entrevista en Ecuavisa parece confirmarlo. Sumido en permanente cálculo electoral, cansado tras dos años de campaña continua e intenso trabajo, agobiado por una inflación y una carestía imprevistas, “arreando” ante las cámaras de televisión (y para ellas) a la legión de funcionarios letárgicos “que le hacen quedar mal con los ecuatorianos” y ocupado en una guerra fría particular con Uribe que a nadie importa y solo a nuestros “acreedores” conviene, parece que nuestro popular y atribulado Presidente finalmente eligió una meta más modesta en beneficio de su apremio por la eficiencia: implantar un amplio programa de reingeniería estatal llamado “revolución ciudadana”. Aparentemente él no es tan ambicioso como sus detractores afirman; se lo digo “con todo cariño”, como él suele decir.

Repetir y repetir hasta lograr lo que nunca ha sido y tal vez no será: “compulsión de repetición” lo llamaba Freud. Otra vez será… con otro… aunque algunos dicen que acaso él mismo lo intente ahora que anda preocupado porque puede perder el referéndum… otros dicen que lo hará si gana el Sí… pero otros dicen que genio y figura “hasta la victoria, comandante”. En fin ¿quién sabe? Aparte de él, claro.

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