Viaductos Patria, El Velero y de la av. Kennedy atraen miradas durante
las noches.
Despiertan interés, curiosidad, generan comentarios. Su iluminación decorativa los convierte en espacios de paseo, para pláticas o reflexión a solas.
Por ello, aunque después le toca seguir un tramo algo oscuro para llegar a la av. Delta, donde toma un bus, Ruth López observa a diario el colorido arco de luces que engalana el puente entre las avenidas Kennedy y Víctor Emilio Estrada.
Comenta que sumado al sonido del agua que cae de la pileta, percibe un ambiente tranquilo, “ideal para despejar la mente y los problemas...”.
El color amarillo da paso al naranja. Luego entra el rojo, el lila y el azul, en intervalos de 30 segundos. Atraídos por este ciclo luminoso, los transeúntes detienen su marcha a mitad del viaducto. Roberto Mosquera, de 24 años, también aprovecha para sentir la fresca brisa que genera el estero Salado.
El puente de la av. Kennedy, como se lo identifica, tuvo en el 2006 luces azules y amarillas que mantenían un ritmo de encendido acorde al estado de las mareas, pero el actual circuito reemplaza al anterior hace un año aproximadamente.
La iluminación a los costados del puente Patria (Gómez Rendón y la 38) evoca por sus colores las banderas de Ecuador y Guayaquil. El dato es resaltado con frecuencia, en especial de padres a hijos, como recordó John Bazurto (29) a su primogénita Dana Maité, de 4 años.
Desde su apertura, hace dos meses, el viaducto que se enlaza a la av. Barcelona se convirtió en una ruta común para esta familia que la conforma también Mariela Cedeño, esposa.
Es sitio de paseo, de trote para quienes cuidan su estado físico y hasta de muelle para los habitantes que lanzan sus anzuelos y pescan bagres de no más de 20 centímetros de longitud. Con la actividad se libran del estrés, dicen estos últimos.
En contraste con la iluminación óptima (o hasta excesiva) del puente Patria, el puente El Velero desluce un poco porque algunos tramos de sus hileras permanecen apagadas.
No obstante, interesa por su forma: una embarcación cuyas velas emulan la bandera de Guayaquil. Muchos la aprecian desde el malecón del Salado.
El viaducto, que une la calle Aguirre con la av. Barcelona, es resaltado en los sellos postales titulados Guayaquil turístico, regeneración urbana 2007.