Kioto, que fue capital del país entre 794 y 1868, se exhibe como un tesoro arquitectónico de construcciones y recintos culturales, como los templos budistas y sintoístas, entre los que se destacan el castillo de Nijo y los templos de Byodo-in, Daigo-ji y Enryakuji.
Un lugar especialmente atractivo para recorrer es el Camino de la Filosofía (Tetsugaku no michi), un relajado sector junto a un canal de agua que comunica el Pabellón de Plata o Gingakuji, y el Pabellón de Oro o Kinkakuji.
Es una ruta pedestre que se adentra en la montaña acompañada de algunos templos, como el Honen-in y el Anraku ji, y de una naturaleza que le brinda un sentido espiritual y paisajístico a este recorrido especialmente popular en verano, porque los canales de agua disminuyen los efectos del calor.
La feliz pareja también recomienda el Rincón de Gion (dentro de la denominada Casa Yasaka), en donde los turistas disfrutan del entretenimiento tradicional, como la ceremonia del té (rito tradicional en que un maestro prepara té japonés en polvo para servirlo a los visitantes), música cortesana (tocada por una orquesta con instrumentos autóctonos de ese país) y danzas con geishas.
Nara, establecida en el año 710, antes que Kioto, muestra un ambiente cosmopolita que resalta un magnífico intercambio internacional. En esta ciudad hay ocho lugares que, bajo la denominación de “bienes culturales de la antigua capital Nara”, son patrimonios de la Unesco: los templos Todaiji, Kofukuji, Toshodaiji, Yakushiji, Gankoji, el santuario Kasuga Taisha, la selva virgen de Kasugayama y las ruinas del palacio Heijokyu.
“Nara fue la primera civilización de Japón, por eso posee tantos templos budistas del siglo VIII”, expresa el músico, quien abandonó su país en 1978, a los 23 años, para estudiar guitarra en España y, posteriormente, radicarse en Ecuador.