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Edición del DOMINGO 22 de Junio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Soporte Emocional
El resentimiento vs. la madurez
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Dr. Lenin E. Salmon | lsalmon@gye.satnet.net

Produce mucha energía psíquica negativa que alimenta deseos de desquite o venganza, deseos que, por su naturaleza vergonzosa, generalmente se mantienen reprimidos y no compartidos...”.

Es una de las reacciones emocionales básicas ya que no necesita de mayor elaboración para establecerse en la mente.  Una vez arraigado en la mente, el resentimiento puede tomar el control de las acciones de un individuo y obligarlo a actuar en contra de su sentido común. Significa sentir otra vez, siempre en sentido negativo. Es hijo de la frustración y de la sensación de impotencia frente a una humillación o injusticia.  También se origina en la envidia.

Produce mucha energía psíquica negativa que alimenta deseos de desquite o venganza, deseos que, por su naturaleza vergonzosa, generalmente se mantienen reprimidos y no compartidos, a no ser que se encuentre esta persona con alguien de similares formas de sentir, en cuyo caso reforzarían mutuamente sus tendencias dentro de su asociación solitaria para amargarse la vida aun más profundamente y tramar su venganza contra quienes los ofendieron o marginaron.

Lo ocurrido en la escuela de Columbine y en la universidad en Virginia son ejemplos dantescos de lo que puede desencadenar el resentimiento patológico. De ese extremo para acá existen innumerables matices de cómo el resentimiento puede afectar la vida de su portador y de las personas con quienes entra en contacto.

El resentimiento se produce cuando uno se siente en inferioridad de condiciones frente a alguien que, prevalido de su fuerza o estatus, nos causa una ofensa. La resultante energía negativa es mala consejera, pues no está dirigida a resolver el problema sino a creárselo a quien o a quienes la persona ofendida considera responsables de su infelicidad, una vez que ha reunido la fuerza o capacidad suficiente para enfrentarlo. Esta es la verdadera base del problema. Cuando recibió la humillación o injusticia no se sentía en capacidad de reaccionar porque entonces el ofensor era percibido como más fuerte o superior a él, o se sentía “atado de manos” por determinadas circunstancias, o por tener un estatus subalterno.  De no haber sido así, hubiera reaccionado y solucionado el problema, y no se hubiera producido el resentimiento (por esto es largamente más factible que un empleado se resienta con su jefe que viceversa).

La magnitud del resentimiento depende de cómo está estructurado el mundo interior de la persona en cuestión.  La misma acción que ofende a X es ignorada por Y y no le merece respuesta a Z; A se ofende en la mañana y se olvida  en la tarde, B queda amargado toda la vida.  Por esto es que la mayoría de la gente no entiende al resentido, ya que en vez de analizar lógica y objetivamente el problema (usando la parte intelectual de la mente) buscando y encontrando una solución, usa la parte emocional de su mente  para alimentar y justificar sus reacciones, profundizando aún más su daño psíquico.  El  altísimo nivel de estrés generado por el resentimiento terminará destruyendo a su portador.

Rescatarse a sí mismo
El resentimiento puede volver ciega de hostilidad a una persona, pero no a toda su familia (aunque también hay familias de resentidos).  Este es un caso en el que se requiere de una intervención en la que deben participar personas que tengan “buena llegada” con el individuo en cuestión y, luego de demostrarle con amplia claridad lo perjudicial de su conducta y actitudes, ofrecerle ayuda en todos los niveles, en el mejor de los casos con la asesoría de un profesional.  Si se logra este primer gran paso, el siguiente es definir un camino terapéutico que le permita ir conociendo lo positivo de su mundo interior y lo sencillo que es manifestarlo al exterior, aprendiendo al mismo tiempo a manejar su impulsividad emocional.   La motivación que siente una persona al descubrir que con su nueva actuación beneficia su interacción con su entorno lo habilitará para aspirar a metas aún mayores.

Una de las experiencias más gratificantes en el mundo de la psicoterapia es ver cómo el ser humano es capaz de rescatarse a sí mismo, a veces  contra todo pronóstico, y desde el mismo borde de la insanidad.


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