Basta majar con azúcar un limón partido en cuatro, añadir cachaça (aguardiente de pura caña), azúcar, mucho hielo. Pueden hacer variaciones con kiwi, frutilla, mandarina. Una visita a Brasa Brazil debe incluir aquella bebida, es la forma adecuada de iniciar la noche con cálida tertulia.
El concepto de “rodizio” se refiere a un servicio de carnes utilizando varillas, pinchos largos como espadas en los que van ensartados carnes de toda clase. Le sirven a uno en la propia mesa variedades recién salidas de la parrilla. En caso de que aparecieran vegetarianos, existe un bufé de puras ensaladas, pero no creo que el aroma del asado atraiga mucho a quienes no consuman bife. Epicuro, abominable carnívoro, puede embaularse un lomito de chancho sin sentir en su alma el remordimiento de los grandes asesinos. En Brasa Brazil se pone en práctica el clásico all you can eat de los gringos.
Al lado de su plato le ponen una ficha de dos colores. Exhibe usted el lado verde si quiere seguir comiendo, el rojo si opta por no consumir más. Me acordé de los sitios de Buenos Aires donde conocí aquel sistema de ofrecer al cliente todo lo que quiera o pueda comer. Fue en el Clo-Clo, en El Rodizio, con unas botellas del más generoso tinto (Achaval Ferrer).
La selección de carnes es amplia: picaña, punta cadera, colita de cuadril, falda, costilla, joroba, bife de chorizo, piernas, medallones y corazones de pollo, lomo de cerdo, chorizo cuencano, chorizo paisa. La morcilla incluye, como en Europa, pedacitos de grasa. El servicio es ágil, amable, el personal ha sido muy bien formado.
Es mejor acudir entre semana, pues los sábados y sobre todo los domingos resulta difícil conseguir una mesa a pesar de que el lugar, climatizado, sin olor a humo, tenga espacio para doscientas personas. Pienso que la calidad de lo ofrecido se debe a una buena selección de la materia prima, cortes excelentes. Desde luego, pidan la carne en término medio si la quieren tierna, en un cuarto si son conocedores. Si quieren un bife supercocido, mejor vayan a comer espaguetis.
Los propietarios están casi siempre presentes. El ojo del amo engorda al buey. Supervisan el buen funcionamiento del restaurante. Han tenido la acertada iniciativa de no subir con exceso el precio de los vinos, pues parrillada sin tinto es como amor sin besos. Se pueden escoger buenas botellas desde $ 16 como es el caso del Trivento Shiraz, hasta $ 42 (Broquel de Trapiche). El Shiraz y el Cabernet Sauvignon australiano de Jacobs Creek son para mi gusto muy recomendables.
Para el postre pueden probar la crema de mamao (papaya) o los postres variados de la casa. Creo que el público guayaquileño no se equivoca. Al llenar el lugar cada domingo indica que la comida cumple con sus expectativas. Iremos a conocer La Recoleta la semana entrante. El precio del menú rodizio es más que razonable: $ 13,95. Recuerden que pueden comer todo lo que quieran.