Domingo 22 de junio del 2008 Cultura

Como algo parecido al juego

Clara Medina

Poeta Maritza Cino se reinventa en su nuevo libro

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Maritza Cino Alvear, escritora guayaquileña, en un rincón de su casa, mientras hojea su libro Cuerpos guardados, que sale a la luz con el sello b@ez.editor.es

Hace siete años murió la abuela, la figura emblemática de sus afectos, la mujer con que habitó  desde niña, después que sus padres se separaron. Y Maritza Cino Alvear entró en una especie de silencio. Se agolparon también otros hechos: había empezado ya a vivir sola, se convirtió en catedrática a tiempo completo (dicta clases en cinco instituciones), hubo rupturas afectivas. De manera que la poesía, ese recurso que la ayudó a decir tantas cosas que a través del diálogo no podía, se vio un poco relegada, aunque nunca se ausentó. Se instaló por ahí, de manera intermitente.

Su último libro lo publicó  hace ocho años. Se tituló  Infiel a la sombra. Tras ese largo periodo, en el que muchos de sus versos ya editados  aparecieron en algunas antologías, vuelve a publicar un trabajo inédito. Es un volumen que ella conceptúa como un híbrido, porque recoge poemas, pero también relatos, o cuentos cortos, o prosa poética, o como quien los lea desee  calificar a estos escritos, que la muestran en una faceta nueva (la de narradora) y con otro cariz: el humor. Una característica, una identidad de su vida actual, que quizá en su poesía no aflora y que en el trato personal, a primera vista, tampoco se revela. Pero está. No es el humor de carcajadas. Es un humor a veces tragicómico. Y a ratos algo mordaz. O inocente.

Cuerpos guardados  –así se titula el nuevo volumen– pretende, en la primera parte, tender nexos, dialogar con el anterior libro de Cino. Por eso en el poema inicial, los  primeros versos rezan: “Infiel a mi sombra original/ he atravesado efigies y pirámides,/ me he acercado a la prehistoria/ del placer/ con la clarividencia de lo breve...”.  La publicación, de 69  páginas, se divide en cuatro partes.

La segunda se relaciona con   el amor y    la muerte. En la   tercera están  la ciudad, el   eros. Y  uno que otro contrapunto o una negación o una revisión o   replanteamiento de lo que en libros anteriores el yo poético afirmó. Es como una confrontación de la autora con su propia palabra. Si antes dijo, por ejemplo, “el arte me salvó”, ahora señala: “el arte no me salvó/ ni su humor concupiscente”. “Me salvaron otras cosas”, conversa esta mujer, de 51 años,    licenciada en Lengua y Literatura por la Universidad Católica ,  diplomada en educación superior,  autora de cinco libros.

En la cuarta parte de  Cuerpos guardados   están los relatos. Los textos poseen un origen que se relaciona con el acercamiento de la escritora al psicoanálisis. Cuando iba a las sesiones con el psicoanalista, según indica, le contaba historias que eran parte de ese hilo frágil que existe entre la realidad y la fantasía. Sintió allí que a más de contar, podía escribir historias, no precisamente esas, pero sí otras.

Y coincidió, asimismo, con las clases que dictaba de composición creativa. En estas le tocó abordar la escritura de cuentos. Un día, sus alumnos hacían su trabajo y ella también se puso a escribir. A narrar. Así desembocó en el relato. Fue “algo parecido al juego”, así como el título de su primer libro de poemas, obra que publicó hace 25 años. No obstante, en el lenguaje poético se siente muy cómoda y se considera esencialmente poeta, pese a que haga unas cuantas travesuras en cualquier otro género literario.

Lo que no deja de señalar, es que en su poesía habitaba la nostalgia, sus inhibiciones, carencias y soledades. En la narrativa, en cambio, brotan aspectos que ni ella    misma imaginaba. Le asombra que con el tiempo se haya convertido en una persona con humor.    “Tengo que asociarlo con mi experiencia psicoanalítica, que me marca tremendamente y me desinhibe de una serie de cosas que me mantenían atrapada, prisionera y también influye en eso la capacidad de decir cosas, que quizá siempre tuve, pero no las podía decir”, anota.

Siente que disfruta de un periodo especial, de otra etapa de intensidades, “después de haber vivido todo”, dice suspicaz. “No me siento conflictuada   con el mundo, ni con los otros, ni con los que en algún momento me conflictuaron. Estoy en armonía y esa armonía viene de mí y se expande”, afirma esta hija única de un matrimonio que terminó pronto y que tiene cinco hermanos (tres por línea materna, dos por la paterna).

El silencio de  ocho  años no le importa. Indica que nunca ha sido una escritora compulsiva y, además, no  cree que a un escritor se lo mida por la cantidad de obra, ni por la extensión, ni por la periodicidad con que  publique. En su caso, la poesía ha estado ahí siempre, como un llamado cíclico y, según dice, era hora de volver a publicar, pero sin prisas. Y lo hace con la  mismo devoción    con que recuerda  a la abuela, Angeolina Santelli de Cino, su figura fundamental, de la que Maritza Marieta Angeolina de Fátima Cino Alvear heredó  uno de sus nombres.

BREVES

PRESENTACIÓN
El poemario Cuerpos guardados, de Maritza Cino Alvear, se presentará este martes 24 de junio, a las 19:00, en el Centro Ecuatoriano Norteamericano (CEN), institución que auspicia la publicación de la obra.

ANÁLISIS
Comentarán el poemario la crítica literaria  Cecilia Vera de Gálvez y el poeta Ángel Emilio Hidalgo. Entrada libre.
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