El Sí está cayendo en las encuestas. Lo dice todo el mundo y la respuesta del Presidente ha sido, como era de esperar, la de asumir personalmente la conducción de la campaña para revertir un posible fracaso.
Pero de una manera extraña, Correa también ha deslizado dos o tres comentarios que revelan su decepción con la Asamblea Constituyente, lo que parecería contradictorio con su afán de ganar apoyo para la nueva Constitución. Primero se refirió a su “amigo” Acosta, al que le tiene “tanto cariño”, pero que resulta ser, según él lo describe, un incapaz que solo habla y habla y no actúa. Luego mencionó la “ingenuidad” de sus compañeros asambleístas, que por falta de experiencia, pobres chicos, dieron amplio cauce a su idealismo, sin comprender que la prensa malvada acechaba.
Estos desaires tienen su explicación, y es que Correa no puede apostar solo al escenario optimista. Maquiavelo le habría aconsejado que prepare también el plan B, en caso de que todos los esfuerzos del Primer Mandatario no eviten que el Sí se siga derrumbando.
En ese caso, una de las alternativas será tomar distancia de la Asamblea Constituyente, e incluso repudiar la nueva Constitución.
¿Correa llamando a votar No? Como hipótesis, él mismo no lo ha descartado, de manera particular si no lo satisfacen en el tema del aborto. En ese caso veremos al Presidente coincidiendo con Rosanna Queirolo, la ex modelo de los escándalos que todavía le debe 80.000 dólares al Municipio de Guayaquil, pero que en las mañanas recorre todos los canales, vestida de blanco, para hablarnos de moral.
La forma de actuar de Correa coincide perfectamente con la existencia de estos dos planes. ¿Acaso no ofreció bajar el IVA y luego cambió de opinión? ¿Acaso no dijo que la dolarización era un robo y ahora utiliza el desagio para no pagar la deuda al IESS? ¿Acaso no alaba hoy a sus ministros para al día siguiente vejarlos en público?
Estos giros de 180 grados no deberían sorprendernos. Después de meses y meses de hablar pestes de la empresa privada, le acaba de ofrecer en Guayaquil, a los empresarios más poderosos, un paquete de subsidios por 500 millones de dólares para reactivar la producción.
Esto también hace parte de su plan para recuperar votos. Por fin entendió que ni el conflicto con Colombia ni el cruce de improperios con Nebot evitaron su desgaste. Son los precios y el desempleo sus verdaderos enemigos. Así que no encontró mejor solución que dar un trampolín y proclamar su amistad con los capitalistas e imperialistas.
Todo esto a su vez explica el distanciamiento con el Presidente de la Asamblea Constituyente. La ruptura es necesaria para favorecer el acercamiento con los empresarios (a lo cual Acosta es renuente), pero además porque solo Acosta tendría autoridad moral para confrontarlo si el Primer Mandatario necesita, más adelante, darle la espalda a la nueva Constitución.
El bloque de Acosta se está desgranando, por lo que deshacerse de él no será difícil. Entonces sí, con una Asamblea nuevamente dócil y sin ninguna figura relevante a la cabeza, se podrá decir de ella lo que haga falta, que fracasaron por inexpertos, que traicionaron al Presidente en el tema del aborto, o mejor aún, que las bestias salvajes se comieron a Caperucita Roja de un solo bocado así que hay que olvidarse de ella.